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Opinión

Disquisiciones sobre periodismo

Ismael Guerra de la Ossa
Ismael Guerra de la Ossa
Columnista
4 de diciembre de 2023

El periodismo exige dignidad, pasión y ética. En tiempos desafiantes, el periodista debe ser responsable, pues su información impacta decisiones sociales y su error condena a la ciudadanía.

Por Ismael Guerra de la Ossa Hoy quiero dedicarle estas líneas al ejercicio periodístico, una de las profesiones más difíciles si queremos ejercerla con dignidad, entereza, pasión y decoro. El periodismo, amables lectores, no es cosa fácil. Aquí se requiere sacrificio, abnegación, disciplina, trabajo, esfuerzo, valor, entrega y muchas veces vocación de mártir. Sobre todo, en tiempos como los actuales y en medios como los nuestros, donde todavía no se ha adquirido plena conciencia acerca de la dimensión social y el compromiso moral y ético que hemos adquirido quienes decidimos ejercer esta profesión. Ciertamente, en amplios sectores de la sociedad aún no se entiende ni comprende que el periodista no debe alinderarse o, mejor, sí debe hacerlo pero con la verdad, o por lo menos con lo que su conciencia le dicte que esa es la verdad, en el entendido que ninguna verdad es absoluta y cada verdad, con frecuencia, sólo posee una parte de la verdad que revelamos. Además, el periodista tiene que procurar ser responsable en el ejercicio profesional. Eso debe ser un propósito de conciencia inherente al quehacer cotidiano y que no solo sea una exigencia profesional sino un imperativo moral. Es que no son pocas ni insignificantes las consecuencias que se pueden derivar de un ejercicio periodístico irresponsable. Se ha dicho, por ejemplo, que casi el 90 % de la información sobre la realidad en todas sus facetas que recibe la gente proviene de los periodistas suministrada a través de los medios de comunicación. Esta sola razón es más que suficiente para que el periodista haya adquirido la mayor y más comprometedora responsabilidad profesional en la sociedad contemporánea pues su información permanente determina decisiones y conductas de los individuos y de los sistemas sociales. Por esa razón, el periodista no puede equivocarse porque condena al error a la ciudadanía ni tampoco puede fallar en la interpretación de los hechos y de los juicios de valor. Los periodistas tenemos entonces que ser responsables pues la irresponsabilidad desprestigia la profesión y abona el terreno para quienes intentan coartar la libertad de prensa mediante iniciativas legislativas que esconden entre líneas un pernicioso control a la prensa como si no existieran en nuestro país los mecanismos constitucionales y legales para meter en cintura a los periodistas irresponsables. ¿Acaso la tutela, las denuncias penales y las demandas civiles contra los periodistas no son suficientes?