
Disgusto a la mejor afición del béisbol

Así como el hierro ardiente que usan los vaqueros para marcar el ganado deja una huella perenne e imborrable en el cuero de los astados, la temporada 25-26 de la Liga de Béisbol Profesional Colombiano ha dejado una herida latente y viva en el corazón de los aficionados del equipo Vaqueros de Montería. Una hinchada, una ciudad y un departamento que sentía una comunión con el equipo y su dirigencia, solo comparable con la relación del Junior, los Char y Barranquilla, y de la cual los hinchas de Jaguares sentían envidia y reclamaban muchas veces en el Jaraguay, terminaron recordando los malos momentos que Leones les hizo pasar.
Es que habían sido seis años de éxito sin parangón y Montería se estaba acostumbrando a ser cada año invitada de honor a la fiesta final de la temporada. Seis finales parecían haber dado al equipo la certeza de volver a luchar por levantar un nuevo título, pero la historia hay que escribirla día a día y los que saben dicen, que el fracaso se fraguó mucho antes de que la primera bola se lanzara. La fractura interna de un movimiento político monteriano terminó rompiendo el circulo virtuoso de la novena azul. Las limitaciones económicas quedaron a la vista con la presentación de un roster limitado y con ausencia de estrellas en el diamante, triste reflejo de las ausencias de los socios en el palco. La pasión vaquera se convirtió pronto en preocupación. El silencio se instaló en el "dogout" y llegó hasta las gradas que cada vez menos podían corear: " vaya a bañarse al Sinú, puerco". La sonrisa de la afición desapareció porque los equipos se reforzaban y Vaqueros se aliviaba con parches y promesas. Y cuando por fin llegaron refuerzos de valor, el calendario reducido fue el gran enemigo. Tristemente el béisbol monteriano dejó de verse como un juego de equipo y quedó retratado como la disputa de dos dirigentes que antepusieron su ego al sentimiento de la afición azul. Por primera vez la fanaticada Vaquera verá desde su casa la serie final del campeonato. Pero la mejor afición del béisbol colombiano no puede rendirse. Toca repensar al equipo, Vaqueros no merece ser sacrificado por disputas que están lejos del diamante y cercanas al ruedo político. Si no es con estos dirigentes, tendrá que ser con otros, pero Montería no puede permitir que se juegue con su gran hinchada beisbolera.