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Opinión

Discurso presidencial 7 de agosto

Carlos Rodríguez Santos
Carlos Rodríguez Santos
Columnista
12 de agosto de 2023

El Presidente habló desde el Puente de Boyacá sobre su primer año y la paz en Colombia. Destacó la necesidad de diálogo y cambios profundos para lograrla.

Por Carlos Rodríguez Santos Desde el Puente de Boyacá, el Presidente habló sobre su primer año y qué viene para el resto del cuatrienio. "Un año del cambio", se lee en los logos de las redes sociales de la Presidencia. Particularmente, me llamó la atención las siguientes palabras de su discurso: "Para que la paz sea posible en Colombia, necesitamos dialogar, dialogar mucho, entendernos, buscar los caminos comunes, producir cambios. La paz implica que cambiemos, indudablemente" y en esto el que no esté de acuerdo es el demonio mismo o le ha vendido su alma, pues, si bien el hombre es un ser en estado de ignorancia en progreso, la conciencia por muy errada que esté, tiene un estado de lucidez que le permite discernir acerca de la paz como valor axiológico. Claro está, como lo dice en su discurso el Presidente, se requerirá dialogar, dialogar mucho, entendernos, para buscar los caminos comunes y producir cambios en nuestro interior, que supone todo un esfuerzo y sacrificio, dado que implica superar ininterrumpidamente en forma personal, todo tipo de odio, injuria, desesperanza, oscuridad y tristeza que son los cinco sentimientos y emociones del hombre propios del estado de ignorancia en progreso del hombre que impide meritorio efecto interno de tranquilidad que aspira lograr el hombre en lo más profundo de sus sentimientos nobilísimos que lo dignifica, en respuesta a sus actos humanos justos y caritativos en progresión respecto a sus semejantes hacia el bien común. De modo, que el Derecho como ciencia deberá valerse de la educación como derecho cultural y servicio público, para adquirir tal conocimiento espiritual como valor axiológico, mediante el diseño de políticas públicas que partan de un consenso nacional sobre las causas y las necesidades sentidas de superación de todo odio, injuria, desesperanza, oscuridad y tristeza que invada al hombre como miembro de nuestra nación, producidos por los partidos políticos, la corrupción y el narcotráfico. Los actores principales mas no únicos para ello, deben ser jóvenes, mujeres, adultos mayores, sacerdotes, que se caractericen por inclinaciones virtuosas, apoyándose de la moralidad del periodismo, psicología educacional, sociología, antropología social, criminología, pues, somos una nación carente de salud mental. Se las dejo allí.