
DIH y EE.UU.

Epistemológicamente hablando, existió una escuela que consideró que el Derecho nace de la fuerza, surgiendo del más fuerte, por el mero hecho de serlo, careciendo de todo tipo de valor científico y de suficiente reflexión, si bien históricamente los imperios han surgido del más fuerte
Efectivamente, esta teoría surgió de la existencia de los imperios del mundo, v.g., EE UU con su “doctrina Monroe”, hasta considerar que el Derecho nace de la guerra y se sostuvo que “el progreso político consiste en que el Poder se transforma en Derecho”; confundiéndose así, Estado y Derecho, cuando el Estado es el cuerpo y el Derecho, el alma. En pleno siglo XXI es inadmisible esta escuela, pues, existe el derecho internacional humanitario DIH, que se funda en el principio del respeto a la soberanía y en virtud del cual, intervenir en un gobierno de facto le compete al Consejo de Seguridad de la ONU, bajo el Capítulo VII de la Carta, cuando hay una amenaza a la paz, ruptura de la paz o acto de agresión, siendo la ONU el órgano primordial para actuar; además, la Convención de Viena de 1988 advierte la cooperación policial y judicial (extradición, intercambio de pruebas), no la invasión o el uso de fuerza letal sin proceso, por lo que también los ataques a embarcaciones sin juicio, se consideran violaciones al DIH, porque niegan el debido proceso y la presunción de inocencia. La invasión de un gobierno a otro para robar sus recursos naturales se denomina “imperialismo” o “intervencionismo imperialista”, “agresión económica”, “invasión extractiva”, v.g., EE UU cuyo objetivo principal es la extracción del petróleo venezolano y conforme los tratados de ginebra, un bombardeo a otro Estado, en sí mismo constituye un “estado de guerra” y, consecuencialmente, la situación de Maduro se tornaría en “prisionero de guerra”, que debe ser liberado y repatriado y, de hecho!, así se declaró en el juicio en su contra! En pleno siglo XXI, entonces, la actuación de EE UU debe ser rechazada por la humanidad entera. Si hay un ser humano que lo apruebe, será por falta de discernimiento o porque comulga con la inmoralidad y la injusticia. ¡El fin no justifica los medios, si éstos son impíos! Se las dejo allí.