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Opinión

Dignidad, política y honor

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
7 de octubre de 2023

En una era marcada por la deshonra, el texto explora la pérdida del honor y la dignidad, especialmente en la política. Reflexiona sobre la necesidad de una democracia basada en ética y respeto.

Por Glenda K. Fuentes Hace poco estuve en una cena familiar en la que las historias y las anécdotas eran la melodía que amenizaban la reunión. Entre tanto que se dijo, me llamó la atención una historia que había tenido origen en estas tierras Sabaneras, nada más y nada menos que en un pueblo cercano. Parece ser que un padre retó a duelo al novio o esposo de su hija por cuestión de honor. Murió el padre o murió el hijo, esa parte no la recuerdo, pero me quedó grabada la importancia que tenía este valor, que se sentía tan propio que se defendía incluso con la vida. El honor, ese valor tan preciado y respetado en el pasado —que era considerado uno de los pilares que sostenía a la sociedad— hoy en día parece haber quedado relegado a un segundo plano. En particular, durante esta época de campañas políticas, el campo de batalla no conoce límites cuando se trata de alcanzar la victoria. Las herramientas digitales se han convertido en un arma poderosa para difamar, atacar y desprestigiar a los oponentes de un grupo, sin importar las consecuencias que esto pueda tener en la dignidad e integridad de las personas involucradas. Es preocupante ver cómo espacios que deberían ser ejemplo de integridad, unidad, respeto y ética, pueden llegar a convertirse en un área de juego sucio y ataques personales, en el que el fin justifica los medios y en el que el morbo social de saber si es cierto o no lo que se dice, motiva la divulgación de una información posiblemente dañina. ¿En qué momento perdimos el sentido de lo que es honorable? ¿Qué pasó con la dignidad? Es necesario hacer una reflexión profunda, tener presente que más allá de las acciones de las figuras políticas, cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de promover un cambio para tener una democracia real y efectiva. Debemos comprometernos a no caer en la difusión de información falsa, a no participar en la propagación de calumnias y a elegir personas que se rijan por principios éticos y morales. El desafío es grande, pero no imposible. Aún estamos a tiempo de terminar estas contiendas electorales con honor y respeto a la dignidad de los participantes. No pueden ser los discursos morales de los candidatos meras palabras vacías, utilizadas únicamente como estrategias para ganar puntos en la opinión pública. Pero tampoco la libertad de los seguidores un pase libre para atropellar los derechos fundamentales de sus contrarios. No podemos hablar de democracia si no existe la libertad de opinar sin ser agredidos o etiquetados de manera negativa por quienes tienen opiniones opuestas. Como dijo Sir Wilson Churchill: "La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás".