
Diálogos de paz

El "proceso de paz" actual en Colombia evoca el Frente Nacional y la violencia del siglo XX. Analizamos las causas de la lucha armada, desde la exclusión hasta la frustrada reforma agraria, buscando un futuro sin conflicto.
Por Fernando Negrete M. Ante la falta de claridad del actual "proceso de paz" que en la realidad es otro nombre fastuoso de los muchos que el presidente Petro utiliza para "bautizar" sus ideas como las del Plan de Desarrollo "Colombia potencia mundial de la vida", revisemos en estas líneas las causas que nos han llevado a pelearnos después de la violencia de mediados del siglo XX, para ver si encontramos otro camino que nos brinde la posibilidad de vivir como "hermanos". El Frente Nacional fue el instrumento encontrado para "conciliar" las diferencias entre liberales y conservadores entre 1958 y 1974, acuerdo restringido que se olvidó del país nacional y que propició la irrupción de la guerrilla de izquierda que encontró en la exclusión el terreno abonado para proponer una sociedad de tipo socialista que implicaba la abolición de la propiedad privada como causante de pobreza y miseria para la mayoría de la población rural del país en esa época. Por su parte, el país político a través de sus gobiernos avanzaba en la implementación de la Alianza para el Progreso liderada por Estados Unidos para hacer frente al Comunismo representado en América por Cuba y apoyado por la Unión Soviética, con una reforma agraria en 1961 que de llegar a concretarse, no estuviéramos 60 años después desde el gobierno, reclamando por esta situación, porque en 1974, se abortó la vía democrática de la reforma original, impulsando la gran propiedad como el camino del desarrollo agrario. Se oficializa entonces el desarrollo a partir de los setenta con la construcción de viviendas, la industria, las exportaciones y el sector financiero volviendo al país urbano y donde los problemas mayores son de movilidad, empleo, seguridad y una población joven que se moviliza en busca de oportunidades por todo el país y que, en cierto modo, recoge la Constitución de 1991 abriéndole las puertas que el anterior régimen mantenía cerradas. Por su parte en el campo y avanzando hacia lo urbano, las guerrillas tras negociaciones fracasadas de paz y enfrentadas al paramilitarismo en contubernio con el narcotráfico, los dos, convierten la década de los 80 y 90 en una especie de polvorín cuyas víctimas principales son los ciudadanos que caen bajo el fuego cruzado, los carros bomba, el reclutamiento forzoso, la trata de personas y tantas bajezas que se producen cuando se pierden los escrúpulos. Con un país con una nueva institucionalidad, con una población mayoritariamente joven, urbana y más educada, no puede concebirse una administración pública excluyente y grupos violentos bajo condiciones que se dieron hace más de medio siglo; el país debe hacer unidad en torno a proyectos de la nueva economía para que cesen las "razones" que aún mantienen "vivas" las aspiraciones de quienes, con la fuerza de las armas y prejuicios, pretenden imponer sus "ideas".