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Opinión

Desiderata política

Susana Viera
Susana Viera
Columnista
7 de abril de 2024

"Desiderata", palabra latina que significa "cosas que se desean", revela la farsa política y la ignorancia manipulada. ¿Cuál es la desiderata del pueblo colombiano ante la realidad?

Por Susana Viera La palabra desiderata proviene del latín, y significa "cosas que se desean". Me topé con este término hace poco más de una década en una experiencia vergonzosa, cargada de desilusión propia y ajena. Todavía hoy, no logro saber si la persona que me leyó el poema como si fuese de su autoría, es un simple farsante descarado o simplemente se burlaba de mi ignorancia. Finalmente, la ignorancia es un terreno fértil para los poseedores de conocimiento y astucia. Si tuviese que titular esa vivencia, la llamaría "el poder del saber". Recomiendo leer, por lo menos una vez en la vida, el poema Desiderata de Max Ehrmann. Hay una frase para enfatizar, a propósito de los últimos discursos presidenciales, y es la siguiente: "(…) con todas sus farsas y sueños rotos, este sigue siendo un mundo hermoso". Inevitable no conmoverse frente a los rostros ilusos de las personas que ocupan plazas escuchando lo que semeja un gran poema espiritual de carácter social, mientras aquellos que han leído bastante más que la cartilla de Nacho Lee, hacen contrapeso a la farsa política que pretende llenar de sueños rotos a nuestro hermoso pero ingenuo pueblo. A los gobernantes les atañe la responsabilidad de saber las cosas deseadas por los gobernados, y su consecución. Ahora bien, me pregunto ¿cuál es la desiderata del pueblo colombiano? Quizás, democracia, bienestar y progreso. En mi columna anterior "El frenesí de la igualdad" manifesté mi parecer sobre lo utópico de la igualdad económica y social. No creo en la posibilidad material de ser todos iguales, sí es evidente que los seres humanos estamos divididos por el poder, el hacer y el ser, con un acápite exclusivo para la creencia de ser iguales ante Dios. La realidad de este país, como de muchos otros, es la supremacía de unos pocos sobre la gran mayoría que desconoce las dinámicas políticas, los sistemas económicos y las diferencias ideológicas. Nada distinto al pensamiento de Einstein frente al conocimiento, cuando dice "Todos somos muy ignorantes, lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas". No es mi ignorancia literaria lo que traigo a colación, sino lo injusto y doloroso de ver a las personas asaltadas en su buena fe e ignorancia, por políticos y poderosos. No obstante, todos sabemos cuándo las cosas andan mal, y eso se percibe en la piel, en las miradas y hasta en el estómago. Es inexorable proteger el derecho a la oposición, a la información, a los medios de comunicación, al debate público, a la deliberación congresista, al debido proceso y a las garantías constitucionales, son las armas justas frente a una desenmascarada desiderata política.