
Deseo con ideología

El gobierno de Gustavo Petro sigue buscando por todos los medios distanciarse de Estados Unidos, su principal aliado comercial y en materia de seguridad. Esa postura parece estar impulsada no solo por un deseo de autonomía política, que siempre ha tenido Colombia, sino por una ideología que prioriza la solidaridad con regímenes alineados con su visión socialista, como el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, poniendo en riesgo sus relaciones diplomáticas históricamente más sólidas. La aproximación de Petro hacia Venezuela, un país señalado por numerosos informes internacionales como responsable de crímenes de lesa humanidad, pone en tela de juicio la sinceridad de su discurso sobre derechos humanos. Al fortalecer la relación con un régimen tan controvertido, el presidente colombiano crea un dilema que deteriora la credibilidad de su gobierno en el ámbito internacional.
Con la administración Trump reduciendo su asistencia no militar y con las voces en Washington clamando por la descertificación en temas antidrogas, los efectos de esta nueva postura se comenzarán a sentir en el corto plazo. La reducción de apoyo financiero y la disminución en la cooperación con Estados Unidos, es una preocupación legítima que podría tener consecuencias devastadoras en diferentes frentes sociales del país, lo cual se agravaría con la casi descertificación en materia antidrogas. Colombia estableció una zona binacional con Venezuela, dándole legitimidad a la dictadura de Nicolás Maduro.