
Derechos humanos ¿Depende?

Ante la violencia global, los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario son cruciales. Recordar la historia, como Auschwitz enseña, es vital para evitar atrocidades y exigir acción.
A propósito de los recientes hechos de violencia y crímenes de lesa humanidad en el mundo, me parece pertinente hablar de derechos humanos, del derecho Internacional Humanitario, de la guerra y de la solidaridad. El poeta y filósofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana dijo: "Quien olvida su historia está condenado a repetirla". Esta frase quedó escrita en la entrada del bloque número 4 del campo de Auschwitz, uno de los lugares que fue testigo de los escenarios más grotescos y deplorables que ha sufrido la humanidad. En el que se silenciaron al menos 1,1 millón de personas, entre niños, mujeres, hombres y ancianos. Este mensaje que ha trascendido en el tiempo, parece haber quedado escrito en los muros Auschwitz, pero no en el alma de las generaciones posteriores. En nombre de la justicia, de la política, de la sociedad, la tierra y hasta la religión, se siguen cometiendo atrocidades. Guerras, persecuciones, discriminaciones y violaciones a los derechos humanos continúan siendo justificadas bajo el pretexto de estar cumpliendo el deber ser. Parece mentira que hoy sigamos siendo testigos de estas absurdas acciones. Es cierto, "el hombre es un lobo para el hombre" como dijo Hobbes en el sigo XVII y su crueldad a veces no tiene límites. Pero, también lo es, que en su poca racionalidad ha constituido reglas para convivir, incluso para combatir cuando el conflicto es inminente. Por ello, surgió el Derecho Internacional Humanitario (DIH), una disciplina legal que busca establecer límites en los conflictos armados y proteger a los más vulnerables independientemente de las razones o motivaciones que hayan llevado al conflicto. Sin embargo, su cumplimiento y garantía parece desvanecerse en el calor de la fuerza, el ego y el poder. Las normas mínimas establecidas por el DIH, como la protección de la población civil, la prohibición de ataques indiscriminados y la asistencia humanitaria a los heridos, siguen siendo ignoradas por intereses ocultos y ambiciones desmedidas. ¿Dónde están los organismos internacionales? ¿Dónde está la solidaridad como humanidad? Es indignante ser un espectador pasivo de estas películas de horror, en la que niños, mujeres, hombres, ancianos y familias enteras son destrozadas sin compasión. Pero, lo es aún más, que quienes nos representan tomen partido de acuerdo a sus intereses y nos comprometan como país con un solo clic. La realización de acciones concretas hacia la protección y garantía de los derechos humanos es fundamental, y nos compete a todos. Hoy son ellos, mañana podemos ser nosotros. No debemos quedarnos de brazos cruzados, es necesario exigir responsabilidad y acciones reales por parte de los organismos internacionales y de nuestros representantes. Es momento de tomar conciencia de la importancia de respetar y defender los derechos de todas las personas, sin importar su nacionalidad, sexo, religión o cualquier otra característica. Juntos como humanidad, debemos levantar nuestra voz para no seguir repitiendo la historia.