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Opinión

Depresión momposina, Cara de Gato insensatez humana, corrupción (I)

Valmiro Sobrino Oliveros
Valmiro Sobrino Oliveros
Columnista
24 de mayo de 2024

La Depresión Momposina, un humedal clave, sufre por prácticas ilegales y falta de planificación. El colapso de Cara de Gato expone el fracaso y la corrupción en La Mojana.

Por Valmiro Sobrino Oliveros No sé si esta sea la última vez que escriba sobre este tema. La Depresión Momposina es una llanura aluvial que ocupa parte de cuatro departamentos con una extensión de 26 mil kilómetros cuadrados; una de los humedales más grandes del mundo, regulador de las aguas del Magdalena, el Cauca y el San Jorge. En medio de este inmenso mar de agua dulce queda La Mojana. El Programa de Desarrollo sostenible de Región de La Mojana, Pdms, con el apoyo técnico de la Organización de las Naciones Unidad para la Agricultura y la Alimentación FAO (2003) no se ha desarrollado así como tampoco las recomendaciones de la Misión Colombo-Holandesa (Himat 1977). Al revés, lo que ha ocurrido es que de manera arbitraria, ganaderos y agricultores ricos con el beneplácito de autoridades venales taponaron caños, construyeron jarillones a su antojo y se apropiaron de humedales para la ganadería. Al tiempo, allí se asentaron poblaciones (más de 20 mil personas) sin la más mínima previsión de que algún día quedarían bajo el agua. Obviamente, cuando Cara de Gato colapsó, cultivos (40 mil hectáreas inundadas), viviendas construidas dentro del humedal y ganaderías montadas sobre tierras inundables fueron arrasadas y así será por siempre. La Mojana se ha podido aprovechar como se ha hecho en la depresión indochina del Mekong para desarrollar los más grandes proyectos piscícolas y agrícolas de América, los mojaneros tenían como los indochinos que aprender a vivir con el agua y a beneficiarse de él y no tapar sus cauces naturales. Ningún gobierno responsable se atrevería a permitir que esos humedales, que cientos de países desearían, se secaran para criar ganado en vez de aprovecharlos adecuadamente para instalar allí una despensa piscícola y agrícola universal. Cara de Gato es la muestra del fracaso; de lo que no se ha hecho bien y hay todavía insensatos pidiendo tapar a Cara de Gato. Entonces el drama de hoy provocado por imprevisiones temerarias no es culpa de ningún gobierno ni se soluciona con sacos de arena en el jarillón de Cara e' Gato. Es aquí donde la corrupción política ha entrado en juego. ¿Cuáles son las soluciones? Espere la entrega de la próxima semana.