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Opinión

Democracia y autodestrucción

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
30 de marzo de 2025

Hace miles de años, Isócrates alertaba sobre la autodestrucción de la democracia. Hoy, la corrupción, el populismo y la polarización amenazan su supervivencia, evidenciando fracasos en varios países.

Por Félix Manzur Isócrates, el gran orador ateniense, advertía que "La democracia destruye a sí misma porque abusa de su derecho a la libertad y la igualdad, porque enseña a sus ciudadanos a considerar la insolencia como un derecho, la ilegalidad como libertad, la imprudencia como virtud y la anarquía como felicidad". Esta frase, escrita hace más de dos mil años, resuena con inquietante actualidad en un mundo donde muchas democracias han degenerado en regímenes autoritarios o han colapsado en crisis económicas y sociales. Las democracias fallan no solo por amenazas externas, sino por males internos que las corroen: Corrupción sistémica: Gobiernos electos que, en vez de servir a sus ciudadanos, saquean los recursos públicos, generando desconfianza en las instituciones. Populismo y demagogia: Líderes que explotan el descontento social con promesas inviables, debilitando las bases económicas y políticas del país. Debilitamiento institucional: Cuando los pesos y contrapesos del poder se erosionan, se facilita la concentración del poder en manos de unos pocos. Polarización extrema: Sociedades divididas en bandos irreconciliables terminan paralizadas o en conflictos internos. Manipulación electoral: El uso de fraudes, restricciones a la oposición y control de los medios transforma la democracia en una farsa. Ejemplos de democracias fallidas. La historia reciente ofrece múltiples ejemplos de democracias que, al no corregir sus debilidades internas, han terminado en ruinas: Venezuela: Un país rico en recursos naturales que, tras años de corrupción y populismo, pasó de una democracia funcional a una dictadura que ha generado una crisis humanitaria sin precedentes. Argentina: Repetidos ciclos de gobiernos populistas han llevado al país a crisis económicas recurrentes, con inflación descontrolada y pobreza creciente. Turquía: Aunque alguna vez fue vista como una democracia emergente, el debilitamiento de la separación de poderes ha consolidado el autoritarismo de Erdogan. Nicaragua: De una revolución contra la dictadura de Somoza se pasó a un nuevo régimen represivo bajo Daniel Ortega. Cuba y su dictadura de represión y hambre. Cuando la democracia no se protege a sí misma, puede transformarse en su peor enemigo. Sin instituciones fuertes, educación cívica y líderes comprometidos con el bien común, las democracias pueden autodestruirse, dejando el camino libre a dictadores y desastres económicos.