
Democracia sólida

Colombia, considerada una democracia sólida, también experimentó una dictadura militar en 1953. El golpe de Estado, liderado por Rojas Pinilla, precedió un período de inestabilidad política.
Por Rafael Hernández Mestra Siempre hemos repetido de que Colombia es la democracia más sólida de América Latina. Esto sucede, por cierto, si tenemos en cuenta las décadas del sesenta y setenta cuando junto con Venezuela éramos los dos países que no estábamos bajo la bota militar. Basta por mencionar algunos países que estuvieron bajo el yugo de los militares: República Dominicana de 1930 hasta 1961; Nicaragua, de 1936 hasta 1979; Venezuela, de 1948 hasta 1958; Paraguay, de 1954 hasta 1989; Cuba, desde 1959 hasta 2021 y Bolivia, desde 1964 hasta 1982. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esas dictaduras fueron por golpe de Estado, pero en la actualidad hay países como Nicaragua que tienen una dictadura con Daniel Ortega que es un civil, pero que primero fue guerrillero o en el caso de Venezuela que tiene a Nicolás Maduro con una dictadura, pero este no fue guerrillero sino, camionero. Muchas de las causas de las dictaduras son la gran inestabilidad política, que es aprovechada por la oposición y la crisis económica y financiera, lo que mostraba la inoperatividad de los gobiernos republicanos. Pero recordemos que en el siglo pasado en Colombia hubo un gobierno militar y fue el Golpe de Estado de 1953 cuando los militares, encabezado por el General Gustavo Rojas pinilla, se tomaron el poder al deponer al gobierno conservador de Laureano Gómez después de tres años de gestión impopular y varios años de violencia política, ese Golpe de Estado ocurrió el 13 de junio de 1953, y por cierto, fue un sábado. Sin embargo, Colombia quien no estaba acostumbrada a las dictaduras, en el año de 1957, se movilizó con los empresarios los partidos políticos, los sindicatos y la iglesia católica y Rojas Pinilla se vio presionado y renunció a la presidencia, nombrando a una junta militar que gobernó por un año y la cual convocó a un plebiscito de donde salió y aprobó el voto femenino y la figura del Frente Nacional. Esta fue una figura en la que los dos partidos políticos, Liberal y Conservador, se repartían el poder milimétricamente, en todas las esferas del Estado, es decir, las ramas ejecutiva, legislativa y judicial, tanto a nivel nacional como departamental y municipal.