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Opinión

Delirio apocalíptico

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
25 de octubre de 2025

Según la Biblia, el apocalipsis será un cataclismo cósmico de gran escala, donde los cielos rugirán con estruendo, los elementos serán destruidos por fuego intenso y la tierra será consumida, seguido por el juicio final y la creación de un “cielo nuevo y una tierra nueva”. Antes de todo eso, sin embargo, habrá guerras, hambre y desastres naturales, y aparecerán la “bestia” y el “anticristo”.

En un sentido bíblico, podría decirse que los revolucionarios tienen una mentalidad apocalíptica, ya no dependiente de los textos sagrados sino de unas ideologías mesiánicas y absolutistas, contrarias a la naturaleza humana, que desembocan, indefectiblemente, en la indignidad de la sumisión y la obsecuencia ante los dictados del sátrapa, quien, con la mente puesta en la salvación de la especie, esparce el virus de la vida por las estrellas del universo. Sabido es que la personalidad narcisista en grado maligno se forja, según algunas teorías psicoanalíticas, en una infancia maltratada, en la que el niño es menoscabado en sus atributos básicos, como si fuera una nulidad que tiene que apelar al amor propio para compensar aquellas humillaciones. Ese sentirse el centro del universo, esa omnipotencia y esa omnisapiencia no son más que un espejismo profundamente patológico que se acompaña de un rasgo psicótico insubsanable, que consiste en que jamás se preocupan por las consecuencias destructivas de sus actos y sus odios. Pero volvamos a los revolucionarios que aspiran a purificar de maldades el planeta e imponer su apocalipsis al resto de los mortales, y leamos con todas sus letras lo que escribía Lenin a propósito del capitalismo: “Solo en la sociedad comunista, cuando hayan desaparecido los capitalistas, cuando no haya clases, es decir, cuando no haya diferencias entre los miembros de la sociedad por su relación con los medios de producción, solo entonces desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad”. ¿Qué tal? Esta parece una alucinación que desconoce orbicularmente el alma humana. Ya se sabe que en la democracia el pueblo está signado por diversos y contradictorios intereses, por lo que son imprescindibles la división de poderes y la crítica, únicas formas de apaciguar las tendencias totalitarias del poder. A propósito, ¿qué catadura moral tendrá la cáfila de exfuncionarios abrumados por problemas judiciales? ¿Qué tan progresista es el connubio que se ha establecido en este gobierno con el crimen organizado, so pretexto de una quimérica y pérfida paz total que nos llevará al desolladero?