
Del voto a la imparcialidad

El voto en Colombia: un derecho forjado en luchas. De la exclusión a la universalidad, la historia del sufragio revela cambios y desafíos. Hoy, el voto es clave.
El voto es la manifestación del individuo ante una determinada alternativa, es decir, es una preferencia. Cuando se torna popular, es esa manifestación expresada en las decisiones políticas del país. En Colombia, como conquista después de las guerras de independencia se instituyó el derecho al voto, especialmente en las constituciones de 1810, 1815 y 1821, con exclusión de los esclavos, los analfabetos, las mujeres y los pobres. En 1853 sufragan los hombres mayores de 21, y tras muchos enfrentamientos, los descendientes de los esclavos. La provincia de Vélez dio el voto a las mujeres y a los menores que estuvieran casados. En 1886 se retira el derecho a analfabetas, a menos que tuvieran propiedades o altos ingresos. En 1910 la reforma constitucional mantuvo el esquema de que sólo pudieran votar para elegir Presidente quienes supieran leer y escribir, tuvieran una renta anual de $300 o propiedad raíz de $1.000. En 1931 se establece la tinta indeleble. Se buscaba evitar suplantaciones. En 1936 se otorgó finalmente el derecho al voto a todos los hombres adultos, es decir a los mayores de 21 y en 1954 se concede a la mujer para elegir y ser elegida y votan por primera vez en el plebiscito de 1957. En 1975 se establece la mayoría de edad a los 18 años. En 1990 se introduce la tarjeta electoral y en 2004 por la ley 892 se estatuye el voto electrónico, que solo hoy en ciertas partes se ha puesto en práctica. Hoy, tenemos un voto universal porque es un derecho a votar de todos los adultos, sin distinción de raza, sexo, creencia o posición social y económica. Únicamente restringido para quienes no integren el censo electoral, como los miembros de la fuerza pública y como función, aunque voluntario, puesto que lo ejerce quien lo desee, y es por eso que se produce la abstención. Pero se practica el voto a conciencia, comprado, por interés y uno muy importante que es el voto útil. Este se esgrime cuando, aun siendo de conciencia, hay que ejercerlo para que otra persona, que no es de los afectos del elector, no llegue a regir los destinos de una territorialidad o, no siendo de conciencia, busca los mismos efectos. En la razón de cada uno de nosotros radica la posibilidad de aplicarlo. PS. A propósito de los partidos políticos, sus directivas deben, por ética y sentido moral, mantener su imparcialidad ante los candidatos que avalan. No otro es el mandato, que existe, por ejemplo, en los estatutos del partido Conservador en su artículo 19: los directivos deberán observar absoluta neutralidad frente a las elecciones de corporaciones públicas.