
Del afán …

La entrega de tierras a campesinos por parte del Gobierno genera debate. Aunque se aplaude la iniciativa, preocupa la celeridad y el futuro apoyo a los beneficiarios.
Nadie está en contra de que el Gobierno Nacional le entregue tierras a los campesinos, especialmente, a quienes han sido víctimas del conflicto armado, pero sí genera preocupación que estos procesos se estén dando, con una celeridad que le podría salir costosa al país más adelante. Se han venido entregando predios que estaban en manos de particulares y que hacían parte de la reparación de actores de la violencia a sus víctimas, pero eso está muy lejos de una reforma agraria como la pretende desarrollar el presidente Gustavo Petro. Esas tierras, que hicieron parte del inventario de quienes tanto dolor causaron en esta región, no pueden quedarse improductivas y el apoyo que requieren sus beneficiarios debe ir más allá de un simple terreno. El acompañamiento institucional debe ir más allá de la entrega de una carta de comodato, ese pequeño campesino necesita un impulso final para que con el paso de los años pueda ver el fruto del sacrificio de tantos años de trabajo para recuperar lo que alguna vez fue suyo, pero los violentos a la fuerza se lo arrebataron. Los atrasos en la compra de tierras por parte del Gobierno no lo puede llevar a cometer errores, uno de ellos dejar a su suerte a quienes con ilusión siempre soñaron tener un pedazo de tierra productiva. A julio pasado el Gobierno se acercaba a las 150 mil hectáreas entregadas. Prometió un millón 500 mil.