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Opinión

Deisy

Arianna Córdoba Díaz
Arianna Córdoba Díaz
Columnista
28 de marzo de 2025

El reclutamiento infantil en Colombia expone horrores. Deisy relata su calvario con las FARC: abusos, violencia y la impunidad de sus victimarios, ante la falta de justicia y reparación.

Por Arianna Córdoba Díaz Dicen que “En la guerra, la verdad es la primera víctima”, pero en el caso de Colombia, los que llevan la peor parte son los niños… Y no queda duda, después de escuchar el doloroso relato de una mujer que cuando muy niña fue reclutada por las Farc y sometida a crueles vejámenes por parte de sus victimarios. Hoy por hoy, estos según sus palabras, se hacen los desentendidos y para la víctima nada de reparación, nada de justicia, nada de oportunidades. Si bien el reclutamiento de menores por parte de grupos ilegales y sus consecuentes abusos ya no es novedad en el territorio nacional, escuchar estos casos sigue provocando que el escalofrío nos escale desde la columna vertebral hasta la sien y nos sacuda cada fibra del ser. Narraba Deisy -nombre ficticio para proteger su identidad- en entrevista radial esta semana, que fue reclutada en el sur de Colombia en 1998 cuando tenía 11 años de edad y que en el campamento donde la arrojaron había al menos 80 niños más que como ella, fueron víctimas de atrocidades de todo tipo, que iban desde abuso sexual por parte de los comandantes de la extinta guerrilla, hasta castigos físicos inimaginables para quienes se atrevían a desafiar cualquier orden. Contó que no solo niñitas eran abusadas, también los niños y recuerda aún con mucho dolor a un pequeño reclutado a la fuerza, como ella, que fue fusilado por comerse un pedazo de panela en el campamento y a otra compañerita de infortunio, Fanny, a quien durante un enfrentamiento la alcanzó un explosivo y un pedazo de su cráneo se incrustó en un árbol. Los horrores que enfrentó Deisy, así como muchísimos menores más, no se han borrado ni de su mente, ni de su corazón, tampoco de su cuerpo, confesó que soporta intensos dolores de cadera producto de los abusos sexuales a los que la sometieron desde la tierna infancia. Aún así, pese a que la Unidad de Víctimas la reconoció como víctima de ocho hechos victimizantes (que van desde reclutamiento forzado, lesiones personales, desplazamiento, abusos, etc.) en la JEP no la han escuchado aunque lo ha solicitado y le da coraje, mucho coraje, cuando ve que sus victimarios hoy presumen de moral desde una curul, sin haber pagado ni un solo día de cárcel por sus delitos. Historias como las de Deisy se replican en toda Colombia. ¿Será que como país dejaremos que estos casos sigan impunes? Me pregunto…