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Opinión

Defensores de la patria

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
13 de octubre de 2025

La patria clama por hombres de temple, de palabra y de acción. Hoy, en medio del caos, la corrupción y la depredación moral que desgarran el alma de Colombia, surge una voz firme y clara: Abelardo de la Espriella, símbolo de liderazgo, consigna, ardentía y reciedumbre. Su nombre resuena en la conciencia nacional como el del seguro presidente de Colombia, un hombre preparado, políglota, con formación académica de altura y espíritu combativo dispuesto a rescatar la nación del abismo

Los verdaderos defensores de la patria son aquellos que no se rinden ante la adversidad, que entienden que amar a Colombia es servirla con convicción y coraje. Abelardo de la Espriella encarna esa fuerza que no se doblega, ese fuego cívico que llama a reconstruir la esperanza y la institucionalidad perdida. Su voz no teme a la controversia, su verbo no se apaga frente a la injusticia, su carácter es reflejo de una generación que se niega a entregar el país al desgobierno y la desidia. Defender la patria hoy significa levantarse contra la mediocridad, contra la corrupción que destruye los cimientos del Estado, contra la violencia que siembra miedo en los hogares. Significa creer que aún es posible refundar el país bajo la guía de líderes que piensan, estudian, enfrentan y no claudican. Y entre ellos, se alza Abelardo de la Espriella, con su visión jurídica, su patriotismo probado y su vocación de servicio, dispuesto a encaminar a Colombia hacia la grandeza que merece. Colombia necesita defensores que no teman hablar de Dios, de honor, de deber y de nación. Necesita líderes que comprendan que el poder no es un privilegio, sino una carga moral frente al pueblo. Por eso, cuando el horizonte parece nublado, el nombre de Abelardo de la Espriella surge como bandera de esperanza, como un llamado a la dignidad y al renacer del orden y la justicia. Defender la patria es creer, luchar y construir. Y hoy, Colombia tiene en Abelardo de la Espriella a un hombre capaz de hacerlo, con ardentía, reciedumbre y combatividad, guiado por la convicción de que los pueblos solo se salvan cuando la verdad y el valor se hacen gobierno.