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Opinión

Decisiones

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
9 de septiembre de 2023

En la vida, todos lidiamos con "ruidos" internos y heridas emocionales. El texto explora la necesidad de afrontar el dolor, actuar y sanar para reconstruir un corazón roto.

Por Olga Leonor Hernández B. En este momento, cruzándose contigo en el pasillo, el bus, el ascensor o el supermercado, está alguien intentando rearmar un corazón que siente partido en pedazos. Puede haber perdido a algo o a alguien, estar viviendo un cambio en sus condiciones de vida, viviendo un duelo que no puede contar, asustado por una situación a afrontar, intentando comprender silencios o, por el contrario, palabras que han herido. Todos estamos, todo el tiempo, lidiando con nuestros propios ruidos. A veces reaccionamos con ira ante una situación que en otro momento hubiéramos podido dejar pasar, y si, nos asomamos un poco adentro, comprendemos que esa ira es producto de la impotencia que estamos sintiendo ante alguna circunstancia. Otras veces, las lágrimas asoman a los ojos casi que de forma inesperada y decimos que lloramos de la nada y por nada, cuando en el fondo, seguramente hace bastante tiempo, se viene cocinando una tristeza a la que hemos decidido no mirar. Hay también cierres pendientes, que urgen por ser vistos para poder encontrar su lugar en la propia historia, pero que vamos dejando ahí, sin concretar, tal vez pensando que si no lo hacemos las cosas se sanan solas o que, dejando esa puerta abierta, todo mágicamente podría retomar el curso. Muchas veces más, las heridas y la tristeza provienen de las expectativas. De las cosas que desearíamos que funcionaran de otra manera. Madres que esperan que sus hijos respondan a sus miedos o frustraciones y construyan su vida alrededor de esto. Hijos e hijas que anhelan tener un papá o una mamá que se ajuste a la medida de sus necesidades afectivas. Parejas que lamentan que quien los acompaña no haya respondido a sus intentos de cambiarlo para volverlo mejor persona. Empleados que sienten que están siendo subutilizados y que podrían brillar de un modo distinto si tan solo se les permitiera. Mujeres y hombres que sienten, con convicción, que si los demás cambiaran ellos podrían entonces ser felices. Personas ansiosas o deprimidas que anhelan sentirse normal, sin saber siquiera que es eso, pero que se castigan por no alcanzarlo. Sea cual sea el lugar o situación que estés atravesando, quiero que sepas que nada se sana en la quietud, es necesario ponerse en movimiento, pasar a la acción. Habla, llora, conversa, reorganiza, renuncia, elige, has lo que honestamente sientas necesario para poner las cosas en su lugar. Los corazones rotos, no por desamor, sino por asuntos inconclusos que se deben sanar, no se curan solos; es indispensable hacerse cargo de ellos.