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Opinión

De valientes

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
22 de junio de 2024

La emigración colombiana resurge como debate. Factores como la economía, la inseguridad y la falta de oportunidades impulsan la salida de compatriotas, con retos y oportunidades a considerar.

Por Glenda K. Fuentes En tiempos recientes, la conversación sobre la permanencia en el país y la emigración ha dominado las mesas de café, las redes sociales y las reuniones familiares. La incertidumbre económica, la creciente delincuencia, la falta de industria, la empleabilidad y la inseguridad jurídica derivada de decisiones, reformas y políticas gubernamentales han llevado a muchos a cuestionarse su futuro aquí. ¿Emigrar o quedarse? Esa es la cuestión. La cifra de 547.000 colombianos que dejaron el país en 2022, según el Cerac, refleja una tendencia preocupante similar a la de los años 90, cuando la violencia y la inestabilidad económica también empujaron a muchos a buscar un futuro en el extranjero. Con más de 5 millones de colombianos viviendo en el exterior, estamos también frente a una problemática que se puede llamar "el fenómeno de la fuga de cerebros" y que impacta la economía y el desarrollo del país, puesto que muchos de los emigrantes tienen grandes habilidades, talentos y capacidades innovadoras que ya no estarán aquí. Ahora bien, desde el punto de vista individual frente al escenario actual, la migración surge nuevamente como una opción lógica. Sin embargo, no debe tomarse a la ligera, pues implica dejar atrás lo conocido: familia, amigos y cultura propia, para enfrentar un panorama totalmente nuevo y muchas veces incierto si no se planifica de manera organizada. Uno de los mayores desafíos para quienes emigran es el dominio de un nuevo idioma. Para muchos profesionales, esta barrera lingüística puede representar un obstáculo significativo en la búsqueda de empleo en su campo. En algunos casos, los títulos y certificaciones obtenidos en Colombia no son reconocidos en otros países, obligando a muchos a cambiar de rumbo. Médicos, ingenieros, abogados y otros se ven a menudo en la necesidad de aceptar trabajos en áreas completamente diferentes, lejos de sus competencias y pasiones, solo para subsistir. Sin embargo, otros encuentran en estos cambios una oportunidad para descubrir nuevos talentos que les llevan al éxito. Emigrar o quedarse es un dilema que requiere discernimiento. Cada una conlleva sus propios riesgos y desafíos, pero también sus oportunidades y recompensas. En un contexto de incertidumbre, lo más importante es tomar decisiones informadas, basadas en un análisis profundo de las circunstancias personales y del entorno. El futuro de Colombia es incierto, pero la capacidad de enfrentar la adversidad con determinación y esperanza es una constante que nos define como colombianos. Ya sea que se disponga a tomar otros caminos o trabajar por un cambio en este maravilloso país, la fuerza y la resiliencia siempre serán los mejores aliados. No se puede determinar con certeza cuál de estas decisiones será la mejor, pero ante este panorama, ambas elecciones son un testimonio de coraje. Así que valiente es aquel que decide quedarse, y valiente también es quien decide partir.