
De malvada a empática

De "Malvada" a "Empática": Un cambio de color de uñas desencadena una reflexión sobre la dualidad entre límites personales y comprensión. ¿Es posible navegar ambos roles?
Por Olga Hernández Bustamante El fin de semana estuve en el salón de belleza arreglándome las uñas. Fui con la intención de ponerme, por un tema de practicidad, el mismo color que me habían puesto la vez pasada. Le pregunté a la manicurista el nombre del color y me dijo, sin levantar la cabeza "Ese, es Malvada". Listo, le dije, seamos malvadas otra vez. A mi original respuesta ella no reaccionó, se ve que a todo el mundo se le ocurre la misma cosa. Cuando llegó el momento de poner el color, buscó y buscó entre los disponibles y dijo "No hay malvada". ¡Busca uno parecido! dije. Llegó a la mesa con un color similar y al preguntar el nombre me explicó: "Este, es empática". Maravilla de la vida, por un asunto circunstancial pasé en minutos de malvada a empática. De regreso a casa, me acordaba de la situación y de lo real y simbólico de lo sucedido. Si acepto que en mí habita la sombra y la luz, debo reconocer entonces que, en ocasiones, ante ciertas circunstancias, paso a ser de malvada a empática y viceversa. Puedo parecer malvada cuando pongo límites, cuando digo que no, cuando no cedo a las presiones o deseos de los demás, cuando aclaro mi postura a los otros, cuando dejo de intentar cumplir las expectativas de los que me rodean, cuando comprendo que mi función no es hacer siempre feliz a las personas aún a costa de mi propia tranquilidad, cuando me muevo en dirección de mis deseos aún si no son los deseos de los otros, cuando pongo distancia con aquello que me hace daño, cuando confronto y expreso un desacuerdo… y un largo etcétera. Es que en ocasiones ser calificada de malvada no es un asunto moral. Si al alinearme con mis deseos me desalineo de las expectativas de los demás, posiblemente el otro puede sentirse agredido y me evaluará como una mala persona. Creo que a veces le tememos tanto a esa evaluación negativa que cedemos aún en contra de nosotros mismos. Por otro lado, si bien la empatía la comprendemos como algo "bueno", he encontrado que en nombre de ella y de no ofender o maltratar a los demás, se hacen enormes sacrificios. Ser empático no es poner, en nombre de la comprensión, los deseos e intenciones del otro por encima de los míos. La empatía me implica intentar acercarme a la forma de comprender el mundo que tiene la otra persona, sin que eso me signifique justificarlo o aceptarlo. El reto es ser empático con lo que es distinto a mí, con lo que no comparto, pero respeto. Entonces, bienvenida sea la posibilidad de ser empática y malvada, así como, con coherencia, dependiendo de la ocasión, cambiamos los colores en las uñas.