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Opinión

De madrugada

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
1 de noviembre de 2025

“A veces no sé qué hacer conmigo. Sé que hacer con muchas cosas, pero conmigo parece que no sé.

Olga Leonor Hernández Bustamante “A veces no sé qué hacer conmigo. Sé que hacer con muchas cosas, pero conmigo parece que no sé. Sé cómo trabajar, cómo cuidar a los míos, cocinar y mezclar sabores. Sé cómo escuchar y hablar con las personas, desenvolverme en grupos grandes y pequeños, lidiar con temas de salud y con todas esas diligencias de adultos que son aburridas y desgastantes. Sé comprar cosas por internet sin fallar en las medidas ni en las tallas, resolver los problemas de cada día y hasta lidiar con la extrañeza de estar despierta desde temprano y respirar el silencio del mundo, ese que se siente cuando todos duermen en casa. Sé hacer muchas cosas, pero, cuando todo eso cesa, cuando ya no hay nada pendiente o productivo pendiente, se me termina haciendo evidente que no sé qué hacer conmigo. Y bueno, puede que la lógica de tener que hacer algo me impone que, ante el espejo, ante mí, también tuviera que encontrar una ruta, una solución, una estrategia, algo en que ocuparme cuando ya no se trata de solucionar el mundo sino solo cuando estoy yo ante mí misma. Parece que aprendí que moverme, funcionar y trabajar fueran en algún modo el antídoto o la anestesia para no tener que volver la mirada al espejo. Como si la productividad distrajera la sensación de ahogo y tristeza que adivino siempre dentro. No sé si sea una sensación que debería arrancarme de adentro o si simplemente debo aceptar que está, ahí, presente y que la puedo ver cuando no tengo más cosas que la enreden entre los vericuetos de cada día. Muchas veces siento que esa sensación que está ahí no es necesariamente mala y confío en que su presencia no anuncia una catástrofe. Creo también que como me afano por no verla no he podido conocerla y comprender bien cuál es su mensaje, si es que tiene uno. Puede también que no sea un asunto de tener que verla, escudriñarla y dividirla pieza a pieza hasta saber qué es lo que contiene, eso a final de cuentas sería más de lo mismo: la idea de tener que hacer algo. Puede entonces que solo me sea necesario saber que está ahí, como un imponderable de la vida, de mi vida. Tal vez a todos nos habita algo y solo debemos reconocerlo, amigarnos con eso, como un inquilino silencioso, que no se sabe si entró o salió, pero del que se tiene claro que ocupa un espacio. Pero hay madrugadas, como la de hoy, en que esta sensación se vuelve espesa y pesada y quisiera poder físicamente arrancarla. Momentos en que me canso de mi tendencia a buscar explicaciones y comprensiones, en que solo quisiera volverme amiga de esta nostalgia infinita que me habita. Hay madrugadas como la de hoy en que no le peleo y me acerco a ella para que me dicte unas palabras y salen escritos como este”.