
De los golpes de estado y otros demonios

Gustavo Petro desvía la atención de su incapacidad para gobernar con la retórica de golpes de Estado. Su gestión muestra falta de liderazgo, mientras el país enfrenta crisis en seguridad y economía.
Por Silverio José Herrera Caraballo El presidente Gustavo Petro parece tener una obsesión: los golpes de Estado. No pasa una semana sin que el mandatario haga alguna referencia a una supuesta conspiración en su contra, hablando de un "golpe blando" o insinuando que fuerzas oscuras quieren derrocarlo. Sin embargo, esta retórica, repetida hasta el cansancio, no es más que una cortina de humo que busca esconder el verdadero problema: su incapacidad para gobernar. A lo largo de estos 25 meses de mandato, Petro ha mostrado una preocupante falta de gestión. Sus constantes alusiones a golpes de Estado y complots no son solo absurdas, sino también una estrategia para desviar la atención de su desgobierno. El país enfrenta serios problemas en términos de seguridad, economía y bienestar social, pero en lugar de enfrentar estos desafíos, el presidente prefiere seguir atrapado en un ciclo de confrontación ideológica, usando discursos vacíos y alarmistas. Este gobierno se ha especializado en tirar cortinas de humo cada vez que surgen críticas o cuando la realidad muestra su ineptitud. El 'mandatarito' ha construido una narrativa de victimización que no solo desinforma, sino que también desvía el foco de lo esencial: su ineficacia para liderar el país. Mientras él sigue lanzando advertencias sobre un posible golpe, la nación sigue sin respuestas claras para la crisis económica, los altos niveles de inseguridad y los problemas sociales que han empeorado bajo su mandato, incluso la reciente crisis generada por el paro de transportadores es el mejor ejemplo. En lugar de gobernar, el hoy Presidente sigue en campaña, utilizando el fantasma de un golpe de Estado como un arma política para mantenerse en pie. Esto no solo le permite evitar la rendición de cuentas, sino que también mantiene a sus seguidores distraídos de los fracasos evidentes de su administración. Los golpes de Estado y las supuestas conspiraciones no son más que distracciones calculadas, mientras el verdadero problema —la inacción del gobierno— se oculta tras el humo. El gobierno de Petro ha demostrado ser un maestro en crear escenarios ficticios para esconder su ineficacia. Desde la campaña, el Presidente ha prometido grandes transformaciones, pero en la práctica, su gobierno ha sido más un ejercicio de propaganda que de verdadera gestión. El país sigue sin un plan claro de desarrollo, la infraestructura está estancada, y los problemas estructurales, lejos de solucionarse, se agravan. Sin embargo, lo único que Petro sigue perfeccionando es su habilidad para crear enemigos imaginarios y lanzar señalamientos sin fundamento. Lo más alarmante es que, mientras el presidente se distrae hablando de golpes, el Estado se desmorona cada vez más bajo su gestión. Los problemas que afectan a los ciudadanos de a pie —como la falta de empleo, el aumento de la violencia y la falta de acceso a servicios básicos— no pueden solucionarse con discursos ideológicos ni con la creación de falsos enemigos. Estos problemas requieren liderazgo, decisiones concretas y una visión de país, algo que este gobierno parece no tener. Si algo queda claro tras estos 25 meses es que Petro no ha sabido o no ha querido gobernar. Ha preferido refugiarse en la narrativa de la confrontación, utilizando el miedo y la polarización como herramientas para desviar la atención de sus propios fracasos. La verdadera amenaza para su gobierno no es un golpe de Estado, sino su incapacidad para liderar el país de manera efectiva. Al final, lo que Petro ha construido no es un gobierno fuerte y transformador, como prometió, sino un espectáculo de humo y espejos. Mientras sigue hablando de golpes y conspiraciones, el país sigue esperando respuestas que nunca llegan.