
De los cuarteles a la política. Una decisión inaplazable de las reservas en Colombia

La participación de veteranos en la política colombiana ofrece aire fresco, pero enfrenta retos. Análisis DAFO revela fortalezas como disciplina, y oportunidades ante el desencanto. Desafíos: falta de formación y riesgo de corrupción.
Por Silverio José Herrera Caraballo La participación de veteranos y miembros de la reserva en la política colombiana es una realidad cada vez más palpable y, en muchos casos, necesaria. En un país donde las instituciones civiles se han visto deslegitimadas por escándalos de corrupción, burocracia ineficiente y una clase política que ha fallado en su promesa de transformación, la llegada de hombres y mujeres que sirvieron en las Fuerzas Militares y de Policía puede representar una bocanada de aire fresco. Sin embargo, su incursión no está exenta de retos. A la luz de un análisis estratégico como el que ofrece la matriz Dofa (Debilidades, Oportunidades, Fortalezas y Amenazas), es posible comprender tanto el potencial como los desafíos que enfrentan al dar el paso hacia el servicio público desde el escenario político. Desde sus fortalezas, los veteranos traen consigo una impronta marcada por la disciplina, la jerarquía, el cumplimiento del deber y la capacidad de liderazgo en situaciones de presión. Durante su vida en las filas han aprendido a obedecer y a mandar, a planear operaciones con precisión y a ejecutar tareas complejas en escenarios adversos. Esta experiencia, traducida a la política, puede aportar orden a instituciones desorganizadas, enfoque en resultados y una vocación por el servicio que nace no de intereses personales sino del deber con la patria. Además, poseen un conocimiento profundo del territorio nacional, de sus problemáticas de seguridad y de las dinámicas sociales que han enfrentado en carne propia. En cuanto a las oportunidades, la coyuntura nacional resulta propicia. Existe un creciente desencanto ciudadano frente a los políticos tradicionales y una búsqueda de liderazgos nuevos, honestos y comprometidos con la transformación real. La ciudadanía está dispuesta a depositar su confianza en figuras que representen orden, experiencia y transparencia. En este contexto, los veteranos pueden posicionarse como una alternativa confiable que represente los valores de la patria, la institucionalidad y la defensa del bien común. Pero también hay debilidades que deben ser reconocidas con madurez. Muchos miembros de la reserva carecen de formación en gestión pública, conocimientos normativos o experiencia en escenarios democráticos donde la persuasión, el diálogo y el consenso son fundamentales. Acostumbrados a estructuras verticales de mando, podrían enfrentar dificultades al interactuar en entornos políticos donde las decisiones no se toman por órdenes sino por acuerdos. El desconocimiento de las dinámicas partidistas, la administración de recursos públicos o la legislación vigente puede convertirse en una trampa si no se rodean de equipos técnicos sólidos. Las amenazas tampoco son menores. Ingresar al mundo político implica entrar en contacto con estructuras ya establecidas, algunas viciadas por prácticas clientelistas o corruptas que podrían absorber o neutralizar cualquier intento de cambio. Además, el riesgo de ser instrumentalizados por partidos tradicionales como figuras decorativas sin poder real, o de ser blanco de campañas sucias por parte de adversarios que los vinculen con excesos del pasado o les endilguen responsabilidad institucional en temas sensibles, es una amenaza latente. También existe la posibilidad de que, al enfrentarse a la politiquería, muchos se decepcionen rápidamente del sistema y abandonen la lucha, dejando trunca una oportunidad valiosa de renovación. En conclusión, la transición del uniforme al cargo público no es un salto sencillo ni inmediato, pero sí posible y necesario si se hace con preparación, humildad y vocación de servicio. Colombia necesita líderes con carácter, sentido del deber y amor por la patria; pero también requiere funcionarios con conocimiento, empatía democrática y capacidad de gestión. Las reservas tienen mucho que ofrecer, siempre que entiendan que hacer política no es ensuciarse las manos, sino limpiar el terreno para sembrar justicia, orden y dignidad en el corazón mismo del Estado.