
De la sobrepoblación al miedo por la extinción

Hace décadas, India y China forzaron esterilizaciones para controlar la natalidad. Hoy, la preocupación global es la baja en nacimientos. ¿Hacia la extinción?
Por Arianna Córdoba Díaz Los hombres, especialmente de las aldeas más pobres y vulnerables, eran acorralados y llevados a la fuerza a los quirófanos donde eran esterilizados. Las autoridades los sacaban de los buses, de los negocios, del cine, de donde fuera que estuvieran y, quisieran o no, ya estaban sentenciados a no procrear más hijos. Eso ocurrió hace casi cinco décadas en India, durante la denominada "Emergencia de 1975", y el resultado de esta decisión fue más de 6,2 millones de indios castrados. A su vez, a finales de los años 70, los dirigentes de China, alarmados por el exorbitante número de habitantes en tan inmenso país y las proyecciones de un aumento poblacional descomunal, impusieron la criticada política del hijo único que, como su nombre lo indica, solo permitía que naciera un bebé por hogar, con la intención de controlar de manera estricta el crecimiento demográfico. Esta norma desencadenó una ola de esterilizaciones forzadas y abortos selectivos. Estas situaciones no han sido las únicas en la historia, ni reciente ni lejana, en las que los gobiernos han establecido métodos extraños u horripilantes para controlar la natalidad en diferentes países, pero sí quizás son de las medidas más extremas que, paradójicamente, contrastan con situaciones que se viven hoy en casi todos los continentes. Y es que, si hace varias décadas era prioritario para los estados evitar un aumento desproporcionado de la población con nuevos nacimientos, hoy están preocupados porque el descenso en la tasa de natalidad es cada vez más notorio. Por ejemplo, en Colombia, según el más reciente informe del Dane, el número de nacimientos en el país durante el primer semestre de este año es el más bajo desde hace una década. Señalan que, especialmente tras la pandemia, las cifras de nuevos bebés "made in Colombia" vienen en caída libre. Y llama la atención porque en el territorio nacional no se ha implementado ninguna de las estrictas o bárbaras medidas como las que hubo en India y China. Aquí simplemente, la gente parece preferir tener mascotas antes que hijos; pero esa es decisión de cada uno. Sin embargo, no somos los únicos con tasas de natalidad a la baja. Peor están en otros escenarios, donde, como se reporta en las noticias, hay poblados (en Europa principalmente) donde le pagan a las parejas jóvenes por tener hijos y establecerse allí, o de cuando en cuando vemos publicidades indicando que en X o Y parte del mundo buscan extranjeros para que pueblen ciertas zonas y les pagan jugosos subsidios por cada hijo que tengan. Están angustiados ya, ante la población envejecida y la falta de mano de obra. ¿Quién entiende este mundo entonces? Antes se trataba de frenar a los pueblos para que no nacieran más personas, y ahora están alarmados porque la gente no quiere tener hijos. Así las cosas, con guerras en tantos frentes (Gaza, Ucrania, entre otras), con inseguridad desbordada —en el caso de Colombia—, con crisis migratorias, con gente destruyéndose así misma con alucinógenos, matándose unos a otros por el mínimo motivo, con enfermedades cada vez más mortales, con muchas otras variables y con una tasa de natalidad cada vez más baja, pareciera como si el mismo ser humano se condenara a la extinción de la especie. ¿Eso es lo que queremos?