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Opinión

De eso bueno, a veces, no hay tanto

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
26 de julio de 2025

Últimamente he coincidido con muchas mujeres que comparten una misma herida: relaciones que parecían perfectas, pero terminaron siendo un disfraz bien armado. No fueron solo amores fallidos, sino engaños que ilusionaron y luego destruyeron.

El dolor es parte de la vida, lo entiendo. En momentos de ilusión, incluso un gesto pequeño puede calar hondo. Pero mentir, manipular y engañar no solo provocan sufrimiento, sino que además rompen y, en algunos casos, dejan secuelas. Podría pensar que es una simple coincidencia, pero entre más escucho y observo, más evidente se hace un patrón: relaciones marcadas por rasgos de narcisismo. Vínculos donde, tras causar daño, el otro se envuelve en un discurso de victimismo: "No quise hacerlo", "Estoy pasando por un momento difícil", "No se trata de ti, soy yo quien está mal", "Necesito ayuda, pero no sé cómo pedirla". Un guion repetido que termina provocando compasión hacia quien, en realidad, está hiriendo. Lo que se llama gaslighting, esa manipulación emocional que hace dudar de la propia percepción, es una de las formas más crueles de invalidar el dolor de otra persona. Es tanto lo que distorsiona, que termina haciendo sentir culpable a quien sufre. Aunque no es una regla general, el fenómeno se repite tanto que necesitamos aprender a identificar las banderas rojas a tiempo. Mirar más allá del encanto y del "love bombing". Hablar directo desde el momento cero de tus intenciones, sin dar tantas vueltas. Hacer preguntas incómodas. Observar, indagar, verificar cómo es su entorno y, bajo ninguna circunstancia, idealizar. Y es que el amor no exige que te entregues a ciegas, sino que elijas con conciencia. Porque antes de abrir el corazón, necesitamos herramientas para cuidarlo sin excusas. No se trata de vivir con miedo. Se trata de procurar ir un paso adelante. Porque sí: una persona se puede equivocar, pero cuando no hay conciencia del daño ni interés en repararlo, el cuento es otro. Y no podemos seguir romantizando como amor lo que, en realidad, no tiene justificación. Como decía mi abuela, con más claridad que ternura: "De eso bueno, a veces, no hay tanto." Por eso, hay que observar con atención, porque: No todo el que llora siente. No todo el que te busca, te cuida. No todo el que dice amar, lo hace. Y no todo el que pide "perdón", realmente lo siente. Detrás de cada ser humano hay una historia. Un camino con subidas y bajadas, con heridas y aprendizajes, con luz y con sombra. Un alma que merece ser cuidada. Nadie debería llegar a la vida de otro para destruir, hundir o dejar cicatrices. Y aunque no todo se puede reparar, hay errores que, si se reconocen a tiempo, pueden convertirse en un punto de partida. "Por más responsabilidad afectiva. Porque para dar luz, primero hay que trabajar en la propia oscuridad".