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Opinión

De cómo me hice taurino

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
10 de mayo de 2024

Un corazón sanjorgense se estremece con "El centauro" y la faena taurina. La tauromaquia, arte que enfrenta la muerte, es un debate entre tradición y moral.

Por Ensuncho De La Bárcena Es natural que a un sanjorgense se le encoja el corazón al escuchar "El centauro", de Leonardo Gamarra, mientras lo ve garrochar "El toro negro", de Pello Torres, a galope tendido por el ruedo de la "Fiesta vieja" de Pablito Flores. El Caribe es un universo en el que nos relacionamos con los animales desde niños. Jugamos con ellos desde cachorros, pichones, terneros y potros. Nos enseñan a comprender el mundo. Cuando somos adultos entendemos que nuestra vida es posible gracias a la muerte de los animales. La primera corrida de toros pudo ser a los cinco años, en Medellín. Estábamos en la ciudad por asuntos médicos y fue un viaje de toda la familia. Aunque aquella tarde no me llevaron porque estaba muy pequeño, se quedó en mi memoria. En la adolescencia cuestioné mi afición por la corraleja. Pero la vida es ir madurando. Entender el carácter inevitable de la muerte. Algo que había aprendido desde niño, mientras criaba animales en el patio, que luego se convertían en alimento en el plato. Así son las leyes de la naturaleza, humana y animal. Recuerdo haber visto fragmentos de corridas de toros por la televisión y me parecían llenos de esplendor, pero algunos amigos me decían que era "decadente". Hasta que me atreví a agarrar el toro por los cuernos, vencer mis propios prejuicios y acabar con mis complejos. Fui a la Plaza de Toros de Sincelejo y, aunque me dolió aquella primera muerte, las lágrimas me ayudaron a comprender que el toro de lidia es un animal de sacrificio. Y el ruedo es el templo donde el torero lo entrega como ofrenda. La tauromaquia es un arte mayor que nos enseña a enfrentar a la muerte y hacerle el quite. Tal como la poesía. La música en la plaza es tan sagrada, como el silencio y el aplauso. El toreo es pintura y escultura en cada prenda. Arquitectura del tiempo. Danza con lo eterno. Teatro de la vida. Fotografía del alma. Quienes pretenden acabar con ella, son quienes aprobaron el aborto. Consideran "seres sintientes" a los toros y "desechables" a los niños de vientre. Enemigos de la libertad, amantes de la dictadura: en Colombia son sacrificadas más de 3 millones de reses al año, muchas llegan a sus mesas, zapatos, correas, chaquetas, maletines y billeteras. ¿Acaso esos no son "seres sintientes"? A ustedes no les interesan los animales. Les interesa el poder. Quieren decirles a nuestras sociedades qué es cultura y qué no lo es. Qué es arte y qué no lo es. ¡Pero no son autoridad real para ello!