
De calaveras y testimonios

La calavera, símbolo de la memoria histórica, une vida y muerte en un ciclo constante. Representa conceptos profundos y es fuente de inspiración en arte, música y cultura.
Por José Arturo Ealo Gaviria El gráfico, imagen o símil de una calavera humana constituye la evidencia irrebatible de la memoria histórica. Es el recordatorio de que la vida y la muerte se unen y coexisten en un ciclo incesante. La asidua imaginería a próximas fechas de "Halloween" exhibe figuras extravagantes en el comercio y en las viviendas. Su expresión intriga. Evoca. Representa diversos conceptos, desde la muerte hasta la sabiduría y la trascendencia. Es el dilema de la vida inteligente a variaciones de la muerte. Su símbolo es un cráneo humano y dos huesos largos (tibias) cruzados a manera de aspa bajo o detrás del cráneo. Simboliza la muerte y la mortalidad. Puede fascinar o repeler. Se utiliza como simbología de dureza, de conciencia, de vida y muerte, de piratería, de aventura, de prevención, de rebeldía y libertad, de misterio, de alquimia e inmortalidad. Encarna el espíritu humano, busca romper límites de su propia conciencia y de lo mortal. La imagen de la calavera es objeto de fascinación para numerosos artistas. Transmite mensajes profundos. Controversiales. Los géneros musicales de rock, pop, "heavy metal", numerosos artistas y bandas han abrazado la imagen de la calavera en símbolo de irreverencia, fuerza e identidad, como "Guns N' Roses", con diseños de dos calaveras entrelazadas con rosas, representando la dualidad entre la vida y la muerte. El arte y la cultura no han sido ajenos a la presencia de ella. Muchos escritores han recurrido a la imagen de la calavera como emblema para explorar meollos acerca de la mortalidad, la trascendencia y la vanidad humana. En "Hamlet", obra de teatro, de William Shakespeare, el protagonista toma en sus manos una calavera, mientras reflexiona sobre la fugacidad de la vida y lo inevitable que es la muerte. En el arte contemporáneo, las calaveras han hallado un nuevo espacio para revelar provocación y crítica social, como el del coleccionista británico Damien Hirst, conocido por su obra controvertida al usar una calavera humana real cubierta por 8,601 diamantes en su pieza "Por el amor de Dios". Cuestionó el valor que la sociedad atribuye al arte y al lujo material. En la masonería se abraza como hecho de la vida inteligente a las transformaciones de la muerte. Sin embargo, desde otro umbral, se saben e infieren ciertas cosas acerca de ella. No se ve. No huele. No se oye. Estremece. Nos recuerda todo. La calavera reina como testimonio. No es el final.