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Opinión

De boca en boca

Arianna Córdoba Díaz
Arianna Córdoba Díaz
Columnista
7 de febrero de 2025

El chisme, cual mantequilla, se extiende en la sociedad actual. Desde corrillos hasta redes sociales, la murmuración persiste, a menudo destructiva.

Por Arianna Córdoba Díaz Así de suave como se esparce la mantequilla sobre el pan, así se esparce el chisme en nuestra sociedad. No se puede negar que vivimos en una comunidad en la que el comentario, las habladurías que van de boca en boca, también nos provocan y tientan nuestros sentidos. Si pensábamos que era cosa del pasado ver los corrillos en los parques, esquinas y terrazas donde zumban los comentarios del prójimo, pues estamos equivocados. Por más trabajo que se deba cumplir u ocupaciones que realizar, la gente siempre saca tiempo para meterse en la vida ajena y bueno, quizás eso les ayuda a olvidarse de sus propias tragedias para ensañarse con lo que le ocurre a los demás, sea esto verdad, realidades distorsionadas o meras fantasías. Chismosos hay de todo tipo, no solo están los que se reúnen en las tiendas de barrio con el único objetivo de "compartir" murmuraciones, no señor, ahora se imponen los que a través de redes sociales esparcen con más rapidez y mayor alcance los malsanos comentarios y no se quedan atrás los que prestan a domicilio este servicio de chisme. Por ejemplo, estos son llamados para realizar algún trabajo en alguna vivienda, allí escuchan o ven algo y acto seguido, en el próximo hogar donde deben continuar su labor, repiten lo que oyeron sin que les conste y peor aún, sin conocer siquiera a las personas de las que está hablando. Amén de aquellos que pasan todo el día sin ocuparse de sus asuntos, sino que se dedican a llamar a todos los que tiene registrados en el celular para averiguar los pormenores de sus vidas y luego, completan su jornada diaria de habladurías contándole a los demás lo que el pobre incauto (su anterior interlocutor) le acaba de contar, muchas veces, confiando en su confidencialidad. Así se cierra un círculo vicioso de lleva y trae que intoxica a sus miembros. Se dice que "pueblo pequeño, infierno grande" insinuando que en los poblados chicos la gente es más proclive a los enredos y chismes pero ¡qué va! En cualquier rincón de Colombia y quizás del mundo entero se imponen estos comentarios de los cuales unos resultan hasta cierto punto inofensivos, pero otros, son nocivos huracanes que arrasan con familias enteras. El chismoso por lo general no reconoce que lo es, cuando mucho se definirá como "comunicativo", pero no, nada más alejado de la realidad porque el proceso de la comunicación efectiva y rigurosa no es ir repartiendo comentarios no comprobados o que a uno no le incumben a los cuatro vientos. Y por demás, el amigo de repartir habladurías siempre estará en problemas y enredos por su larga e incontrolable lengua, además, la gente de su entorno los va reconociendo y se va apartando de su lado. Lo cierto es que todos, todos deberíamos ser menos chismosos, no solo propagando habladurías, sino hacer el esfuerzo de cerrar nuestros oídos a las murmuraciones. Recuerden que aunque sabroso, el pan con mantequilla termina haciendo daño a nuestro organismo si se consume sin control, igual ocurre con el chisme.