
Cultura y turismo, ejes del desarrollo

El Caribe debe redefinir su economía y política en la era digital. Su rica herencia hispana y mestizaje abren posibilidades para un renacimiento cultural y turístico.
Por Ensuncho De La Bárcena En el Reino del Caribe crecimos afirmando que la agricultura, la ganadería y la pesca eran los únicos sectores de nuestra economía. Y que el clientelismo, la compra de votos y el tráfico de influencias eran las únicas formas de nuestra política. Pero no. El mundo actual, con su revolución digital, nos exige nuevas maneras de entender la realidad y entendernos a nosotros mismos. En primer lugar, nos muestra las conexiones reales que nos brinda el haber nacido frente al antiguo mar de los Caribes, escenario donde se gestó el Nuevo Mundo que hoy llamamos América. Esto nos plantea el reto de pensarnos, sentirnos y sabernos por fuera de los límites nacionales que, en vez de ayudarnos, nos ponen trabas, nos confinan, nos cortan las alas. Porque vivimos en un mundo hiperconectado que nos enseña desde niños que pertenecemos a la fascinante familia hispanoamericana, cuyo origen múltiple está en cuatro continentes. Somos caribes hispanos. Si conectáramos con nuestros interminables genes y con nuestra cultura milenaria, sabríamos que estamos llamados a superar todos los prejuicios y todos los complejos. Porque nos asiste la gracia divina. Porque somos los hijos de la alegría. Gracias a nuestra lengua podemos comunicarnos de manera directa con más de 600 millones de personas en el planeta. Esta exquisita condición cultural debería servirnos para promover, al unísono, el Caribe como destino de la felicidad. Nuestra exuberante naturaleza, nuestra generosa gastronomía y nuestra delirante geografía, nos cantan a toda hora que tenemos infinitas posibilidades. Somos mar, somos río, somos montaña, somos ciénaga, somos camino, somos arroyo, somos laguna, somos riachuelo, somos cueva, somos cascada, somos caverna, somos península, somos golfo, somos isla, somos playa, somos desembocadura, somos renacimiento. Como si esto fuera poco, somos felizmente mestizos. Nuestro extraordinario mestizaje se evidencia en una paleta sin fin cuya cara visible es la piel de la sonrisa. Lo de blancos y negros es una mentira que debemos superar. Acá todos somos café con leche. Desde un canela intenso hasta una tenue almendra. Nuestra apasionante cultura nos invita a celebrar desde lo más profundo de nuestras venas, como bombo en corraleja. Somos porro, somos bullerengue, somos bolero, somos champeta, somos baile cantao, somos cumbia, somos gaita, somos son, somos guaguancó, somos guajira, somos bachata, somos chachachá, somos carrizo, somos pajarito, somos joeson, somos compas, somos merengue, somos tambora, somos paseo, somos puya, somos tuna, somos millo, somos chicote, somos garabato… somos celebración constante de la vida. Solo nos falta darnos cuenta de que nuestras inspiradoras locaciones deberían ser escenarios para que nuestros propios artistas muestren al mundo nuestra real Grandeza.