
Cuchareta, cuchareta, donde no te llamen, no te metas

Mientras Colombia atraviesa una de las épocas más complejas de su historia reciente, el presidente Gustavo Petro parece empeñado en mirar más hacia afuera que hacia adentro. Surge ahora una crisis diplomática con Bolivia provocada por las expresiones del mandatario colombiano en respaldo del expresidente Evo Morales y ello vuelve a poner sobre la mesa una pregunta necesaria: ¿por qué el Gobierno colombiano se involucra en conflictos internos de otros países cuando aquí sobran los problemas urgentes por resolver?
Se sabe que Bolivia atraviesa una situación social y política compleja. Las tensiones entre el actual régimen y sectores afines a Evo Morales forman parte de una disputa interna que corresponde exclusivamente al pueblo boliviano resolver mediante sus propias instituciones. Sin embargo, el presidente Petro decidió asumir una postura pública de respaldo a Evo Morales, cuestionando posiciones internacionales y mencionando asuntos tan complejos como el narcotráfico. Creemos que este tipo de intervenciones, lejos de ayudar, terminan generando más tensiones entre ambos países. La prueba está en la sorprendente expulsión de la representación diplomática colombiana en Bolivia, un hecho lamentable que deteriora las relaciones entre dos naciones hermanas y que pudo haberse evitado con mayor prudencia política y respeto por la soberanía ajena. En política internacional hay una línea muy delgada que permite distinguir entre la solidaridad y la intromisión. Todo jefe de Estado debe entender que cada palabra tiene consecuencias. Más aún cuando proviene de un país como el nuestro que enfrenta enormes desafíos internos: inseguridad creciente, crisis en la salud, desempleo, corrupción, violencia regional y una expansión indiscutible del narcotráfico, fenómeno este que tiene raíces económicas, sociales y geopolíticas profundamente complejas y sobre el que no basta únicamente convertir el debate en un discurso meramente ideológico. Nosotros los colombianos lo que esperamos es solución a nuestros problemas cotidianos, no protagonismos internacionales innecesarios. De allí la urgencia de contar con un mandatario concentrado en gobernar a Colombia, mas no un árbitro político de América Latina. Claro que la solidaridad continental es útil, pero en bloque compacto y provechoso. Obrar en solitario no cohesiona. Un viejo refrán popular resume la situación: "Cuchareta, cuchareta, donde no te llamen, no te metas". Esa sabiduría del común parece enseñar cabalmente la diplomacia.