
Cuatro vidas

El "progresismo" y la exhibición de la sexualidad no son nuevos. Este artículo explora la "vida impúdica" y su reflejo en la historia, analizando la conducta de gobernantes.
Por Álvaro Bustos González* Decía Gabriel García Márquez que existen tres vidas: la pública, la privada y la secreta. Quizá habría que agregar una cuarta, la impúdica, que se lleva a cabo sin recato ni decoro, de acuerdo con la reciente exhibición que vimos en el centro histórico de Panamá. En la antigüedad clásica, que tuvo, como toda época, sus valores y antivalores, era bien visto que un hombre ilustre o poderoso tuviera a su servicio a un efebo hermoso. De modo que en esa materia no hay nada nuevo bajo el sol: el libertarismo actual y su impudor ya existían con sus respectivos matices, por supuesto. Como ilustración de lo anterior, transcribiré fielmente el relato de Pablo Montoya, una vez más por boca de Marco Aurelio, sobre una fiesta en la ciudadela del emperador Adriano: "Adriano, en cambio, era propenso a la extravagancia, caprichoso y voluble. La vez que visité su villa en Tívoli, me sentí aturdido por la exuberancia que había traído de las provincias de oriente. Las estatuas, aquí y allá, pertenecían al culto de Mitra. Un cocodrilo y un hipopótamo chapoteaban en las piscinas. Tres jirafas, con su garbo lento y elevado, se paseaban por uno de los jardines. Los sahumerios de olores intensos se mezclaban en la atmósfera de los recintos. La villa era tan grande como una ciudad, y sus banquetes copiosos, en los que se bebía con desmesura, me parecieron insoportables. Los jóvenes, que iban y venían por los senderos de la estancia, estaban depilados y cubiertas sus caras con polvos blancos. Y en los corrillos que hacían se mostraban, con vanidad ostentosa, sus pubis sin vello y sus glúteos tatuados. Todos confluían allí atraídos por el deseo de hombres mayores. Deseo que Adriano había perdido desde hacía años, pero que gustaba de presenciarlo en los otros para acrecentar la dimensión de su nostalgia". Como se puede ver, lo que se llama progresismo (left-libertarianism), en especial en cuanto a las identidades y múltiples inclinaciones sexuales que hoy se exhiben con orgullo, no tiene nada de novedoso. Lo que no se debe perder de vista es que, cualquiera sea el corazón de los gobernantes y la naturaleza de sus pasiones, ellos no están eximidos de la obligación de hacerle honor a la majestad de su cargo y a la discreción de sus actos. La conducta ripiosa no es digna de alguien que funge como salvador del universo. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.