
Cuarenta días

La Cuaresma, 40 días de reflexión que inician el 14 de febrero, es una oportunidad para la conversión. Jesús y figuras bíblicas marcaron hitos en este periodo, invitando a la introspección y cambio.
Por Selma Samur de Heenan La Cuaresma se vive durante cuarenta días contados a partir del Miércoles de Ceniza, que este año celebraremos el 14 de febrero y hasta el domingo de ramos, que será el 24 de marzo. El lapso de cuarenta días, tiene una connotación especial. Lo verificamos a través de la historia sagrada, con eventos que se han desarrollado durante ese período. Dios le dijo a Noé que entrara al Arca junto con su familia y muchas parejas de animales. Así se hizo, y todos permanecieron adentro mientras llovió, cuarenta días con sus noches. Moisés, antes de recibir las tablas de la Ley, pasó en ayuno y oración, esa misma cantidad de tiempo en el monte Sinaí. Fueron también cuarenta días, los que permaneció el profeta Elías en el desierto, huyendo del acoso de la reina Jezabel. Dios consideró prudencial otorgar a los ninivitas un término de cuarenta días para que se arrepintieran y cambiaran su mala conducta, so pena de destruir a la ciudad. Goliat, estuvo intimidando al pueblo de Israel durante cuarenta días con amenazas de aniquilarlo. Nuestro Señor Jesucristo, fue llevado por el espíritu al desierto donde estuvo cuarenta días orando y ayunando. Luego de resucitar, pasó cuarenta días en la tierra antes de ascender al Cielo. Todos nosotros, el próximo miércoles tenemos la gran oportunidad de iniciar una etapa de cuarenta días, dando respuesta a la invitación que recibiremos para que nos convirtamos y creamos en el Evangelio, recordando que somos y seremos tan solo polvo. En el Antiguo Testamento, convertirse significaba regresar al cumplimiento de la ley. En el Nuevo Testamento, ya con Jesús, se trata de seguirlo a Él, lo que incluye el arrepentimiento de las faltas y la penitencia por las mismas, pero sin quedarse ahí, sino imitándolo, obedeciéndole cada uno de sus preceptos, caminando bajo su amparo. Convertirse implica responder con un Sí a la Palabra de Dios; dejar a un lado la óptica del mundo guiada según el capricho humano, y aceptar que hay una perfecta y divina voluntad, que debemos acoger como si fuera propia, para transformarnos y llegar a sentirnos realmente sus hijos amados. Esta cuaresma que se avecina, es una oportunidad para hacer un examen de conciencia para luego ir a confesarse. Serán cuarenta días que pueden representar en un pasaporte al Cielo, si, además de lo anterior, procuramos reparar los daños causados con nuestros pecados; cambiamos lo que está mal en nosotros; ayunamos, nos sacrificamos, y practicamos muchas de las catorce obras de misericordia.