
Critican a USA y viven del yanky

"Odiamos al imperio, pero no nos quiten el iPhone." "Abajo el capitalismo… pero primero mi serie en Netflix."
Qué espectáculo tan entretenido el de los “revolucionarios de sofá” que se rasgan las vestiduras contra el imperio yanqui… mientras tuitean desde un iPhone, suben videos en Instagram y hacen lives en Facebook, todas empresas norteamericanas. La coherencia, al parecer, es una especie en vía de extinción. Los mismos que gritan “¡Fuera yanquis!” en las calles, corren luego a Starbucks a pedir su frappuccino con leche de almendra, abren Google Maps para regresar a casa y en la noche maratonean series en Netflix mientras critican la “cultura hegemónica”. Si eso no es tragicómico, no sé qué lo sea. Ni siquiera los grandes íconos del antiimperialismo se salvan de la contradicción. Fidel Castro jugaba béisbol —deporte norteamericano— y usaba sus queridos Nike en privado. Hugo Chávez transmitía sus discursos de seis horas usando tecnología fabricada en EE. UU. Evo Morales, el enemigo del capitalismo global, viajaba en un avión Falcon, orgullo de la industria occidental. El problema no es criticar. Criticar está bien. Lo patético es morder la mano que te da de comer mientras chupas cada uno de sus dedos. Si de verdad odian el “imperio”, tengan el valor de borrar sus redes, apagar su smartphone, cancelar Netflix y vivir coherentemente. De lo contrario, su “lucha” no es más que pose para la selfie revolucionaria. Porque, seamos claros: gritar contra EE. UU. mientras usas sus plataformas es el equivalente digital de escupir hacia arriba… y quedarse sorprendido cuando la saliva cae en la propia cara.