
Crítica sí, pero con altura

El periodismo, expuesto a la crítica ciudadana, fomenta el debate democrático. Sin embargo, la crítica debe ser constructiva, evitando insultos, mentiras y ataques anónimos.
Por Ismael Guerra de la Ossa En el mundo de la comunicación social, quienes ejercemos el periodismo informativo o de opinión, estamos expuestos a la crítica de los receptores de nuestras informaciones y opiniones, pues sin que nosotros pretendamos serlo, somos figuras públicas y por ello estamos a merced del escrutinio ciudadano. En el caso de los columnistas, quienes nos leen tienen la potestad de criticar y cuestionar lo que decimos con todos los fierros, cosa que considero buena y sana para la democracia pues entre sus postulados fundamentales está el principio de contradicción, una facultad y un derecho contestatario que se funda en la armonía de los contrarios, base esencial del progreso. El ejemplo clásico está en la luz eléctrica, que nace de la unión de dos polos opuestos: el positivo y el negativo. De manera que bienvenida la crítica pero con altura, sin chabacanerías, inmoralidades, insultos e improperios. Y, sobre todo, sin mentiras y calumnias que no sabemos de dónde provienen, pues muchos de nuestros críticos no tienen el valor civil de escribir sus nombres y se escudan en seudónimos para injuriar y ofender inmisericordemente como si nosotros no fuésemos humanos y no tuviésemos también el mismo derecho de expresar públicamente lo que pensamos. A mí, por ejemplo, una vez me insultaron porque yo dizque era del "Clan político de los Guerra" y ni soy de dicha familia ni nunca he sido militante de ese grupo político. También me dijeron que yo no podía hablar nada pues como abogado he sido un fracaso pues ni siquiera pude ganar un concurso judicial y por eso me echaron de la rama. Y resulta que yo ni soy abogado ni nunca he pertenecido a la rama judicial ni en Sucre ni en ninguna parte. Y otro de mis críticos, que se identificó con un alias, me insultó porque yo escribí un artículo titulado "Un gobernador que se mueve". Dijo que yo me vendí por un plato de lentejas. A él le dije que desde hace rato tengo definida mi situación económica, gracias a Dios, y por tanto no necesito de platos de lentejas ni de fríjoles ni de guandules ni de ninguna leguminosa. Asimismo, le manifesté que, aunque soy conservador, no pertenezco a ningún grupo político y por ello puedo escribir lo que pienso libremente mientras las directivas de este periódico me lo permitan.