
Cristianismo y Política

La Iglesia Católica tiene el deber de orientar a los fieles en asuntos políticos. El voto, con carácter moral, exige una participación activa para promover el bien común y defender la fe ante ideologías contrarias.
Por Selma Samur de Heenan Si bien es cierto que la Iglesia no debe involucrarse como miembro activo en la lucha política de los países, también lo es que tiene el deber de orientar, enseñar y corregir todas las acciones humanas que puedan afectar la salvación eterna de los fieles. El voto está vinculado con el desarrollo social e integral del hombre, y esto le imprime un claro carácter moral. El compendio de la doctrina social de la Iglesia Católica nos enseña que, mediante el cumplimiento de los deberes civiles, de acuerdo con la conciencia cristiana y en conformidad con los valores que son congruentes con ella, los fieles laicos desarrollamos nuestras tareas, propias de animar cristianamente el orden temporal, por lo que, de ningún modo, podemos abdicar de la participación en la política. Es decir, en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover el bien común, que comprende la promoción y defensa de bienes tales como el orden público, la paz, la libertad, la igualdad, el respeto de la vida humana, del ambiente, la justicia y la solidaridad, teniendo presente que la conciencia cristiana, bien formada, no permite favorecer, con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral. Poco antes de las apariciones de la Virgen en Portugal, el comunismo se volvió una ideología que atentó contra la libertad individual, económica, religiosa y política. Luego de esto, la Virgen pidió en Fátima, la consagración a su corazón inmaculado del mundo y de Rusia, para que esta no esparciera sus errores. No hubo la consagración conforme al pedido, y esos horrores han sido difundidos y aplicados engañosamente, haciéndose pasar por demócratas para luego mostrar sus fauces comunistas. Ya no es por medio de la guerra que asumen el poder. Ahora lo pretenden usando el arte de la manipulación de la verdad, haciéndole creer al pueblo que están a favor suyo, cuando lo cierto es que lo empobrecen aún más. Lo primero que quitan es la fe, sacando a Jesucristo de todas partes, cerrando iglesias, desacreditando, persiguiendo y hasta asesinando a los cristianos, porque los comunistas saben que, quien tiene a Dios como Rey, no acepta arrodillarse ante gobiernos opresores. Oremos al Espíritu Santo y sepamos escuchar las advertencias de nuestra madre amorosa, que conoce en dónde está nuestro real enemigo.