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Opinión

Crimen sin castigo

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
5 de septiembre de 2025

Dedico esta columna a la memoria de mi tío Juvenal del Cristo Claret Bárcena Isaza Giraldo Viola, en el aniversario número 40 de su asesinato. Pidiéndole a Nuestro Padre Celestial que haya perdonado a los autores intelectuales y materiales del lamentable hecho ocurrido el domingo 1 de septiembre de 1985 en San Marcos del Caribe.

Nunca se investigó, ni se procesó, ni se juzgó a nadie por el crimen del tío Juve, pero la tragedia no impidió que siguiéramos recordándolo todos los días, con lo mejor de su alma: elegancia, don de gentes y alegría. Él descansa en la paz del Señor desde hace cuatro décadas y nos legó diez primos benditos e inspiradores, entre los que destaco a Angélica, Leonardo y Sofía, los hijos que tuvo con una gran mujer que ustedes aman y conocen: Elvira Piña. La historia de amor del tío Juve y la tía Elvira, con sus altos y bajos, merece ser preservada en el tiempo en forma de arte. A través de una novela o de una película que puedan conocer los nietos de sus nietos: Isabela, Juan Sebastián, Taliana y Miguel Ángel. Desde la perspectiva que otorga la Historia, a través de este crimen sin castigo se puede hacer un análisis de los 215 años de nuestra vida republicana. Desde comienzos del siglo XIX una idea perversa se instaló entre nosotros: el asesinato como herramienta de la política. Así lo usaron un par de sujetos llamados Bolívar y Santander, a quienes se les rinde tributo a lo largo y ancho del país con esculturas, plazas, parques y nombrando a tres departamentos. Sus múltiples crímenes fueron blanqueados por razones políticas y la mayoría de los políticos e historiadores, cómplices herederos, los consideran "héroes de la patria". No es de extrañar que la herencia de este par de criminales sea un país polarizado, dividido, fragmentado, en continuas llamas por una absurda y fratricida guerra civil. Antes empuñaron las armas los centralistas contra los federalistas. Después los liberales contra los conservadores. Ahora, los izquierdistas contra los derechistas. Una y otra generación se repite la lógica perversa: la víctima se convierte en victimario, a través de una ideología o de una causa política. Y si a eso le sumamos el principal negocio colombiano, no es nada fácil la salida de este atolladero de cocaína, sangre y votos. Para lograrlo nos toca recurrir a la Historia. Recordar que durante tres siglos conocimos la unión. Y que nos era común a todo el continente, de norte a sur. Comprender sin prejuicios ni complejos que la Iglesia Católica y la Corona Española serán siempre signo de Esperanza. Amén.