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Opinión

¿Crimen político o de estado?

Rafael Hernández Mestra
Rafael Hernández Mestra
Columnista
15 de agosto de 2023

El asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio en Ecuador, catalogado como crimen político, revive la sombra de la violencia en la región. El país enfrenta corrupción y narcotráfico.

Por Rafael Hernández Mestra Como un crimen político fue catalogado, por el gobierno de Ecuador, el asesinato el pasado miércoles en la noche del candidato presidencial Fernando Villavicencio. Ecuador ha sido un país que en las últimas décadas también se ha debatido entre la corrupción, grupos ilegales y narcotráfico, amén de los dirigentes políticos en los cuales se conjugan todos los males que aquejan a los ecuatorianos. Coincidencialmente el asesinato de Villavicencio ocurre en un agosto y después de haber cerrado una manifestación en un coliseo en la ciudad de Quito y, justo, cuando iba a abordar una camioneta que, según los reportes, no era blindada, por lo que su humanidad quedaba más expuesta a un ataque. Este ataque al candidato presidencial ecuatoriano nos hace retroceder la memoria a 34 años atrás, justamente un 18 de agosto, cuando asesinaron al líder del Nuevo Liberalismo Luis Carlos Galán también en una tarima en Soacha en ese momento iba liderando las encuestas (en el caso del líder ecuatoriano iba de segundo en la intención de voto, según las encuestas) y, como se demostró después, también falló o fue cambiado su esquema de seguridad, siendo director el entonces y desaparecido DAS, el general Miguel Maza Márquez quien se encuentra purgando una condena por esos hechos. Desde entonces, en Colombia se vivió un período de zozobra y amenazas para esa campaña presidencial de 1990 cuando el narcotráfico, aliado con las autodefensas acorralaron al país y pusieron en peligro la democracia con atentados terroristas y el asesinato de varios candidatos presidenciales entre ellos el de Bernardo Jaramillo Ossa, asesinado en marzo de 1990, después de haber asumido las banderas de la Unión Patriótica las cuales había dejado Jaime Pardo Leal, tras su asesinato en el año de 1986. El momento que está viviendo el hermano país de Ecuador hoy en día requiere de la solidaridad de los países suramericanos, pues el crimen organizado traspasa fronteras y permea todas las capas sociales, no solo a la política.