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Opinión

Crianza compartida: ¿Mito o verdad?

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
31 de agosto de 2024

La "crianza compartida" pos divorcio es un mito para muchas mujeres. Asumen la mayor carga del cuidado infantil, mientras los padres a menudo incumplen responsabilidades.

Por Glenda K. Fuentes La llamada "crianza compartida" se ha convertido en un término común tras los divorcios o separaciones. Sin embargo, la realidad de muchas mujeres demuestra que este concepto está lejos de ser lo que sugiere. Las madres, en su mayoría, cargan con la responsabilidad total del cuidado y la educación de los hijos, mientras que los padres a menudo se limitan a cumplir con lo mínimo: una cuota de alimentos que, en muchos casos, ni siquiera cubre la mitad de los gastos del menor. La lucha por el pago y el ajuste de la cuota de alimentos se convierte en una batalla constante. Gran parte de las mujeres enfrentan procesos legales desgastantes para tratar de asegurar una manutención, así no sea justa, mientras intentan cubrir todas las necesidades del menor. Este aporte, aunque esencial, es solo una pequeña parte de lo que implica criar a un hijo. La mayoría de las madres son las que se encargan de llevar a los niños al colegio, asistir a las reuniones escolares, supervisar las tareas y estar presentes en cada aspecto de su desarrollo. Es irónico cómo la sociedad juzga a las mujeres que deciden desarrollar sus carreras o seguir sus sueños, viéndolas como "ausentes" por "delegar" parte de la crianza contratando una cuidadora. Mientras tanto, estos padres son considerados héroes por cumplir con responsabilidades básicas, como hacer el giro o dar una vuelta al parque. Esta doble moral no solo es injusta, sino que perpetúa la idea errónea de que la crianza es un deber exclusivo del género femenino. Las madres, quienes llevan el peso de la crianza en silencio, rara vez reciben el reconocimiento que merecen. ¿Quién monetiza ese trabajo incesante, ese esfuerzo invisible que se realiza día a día? El artículo 411 del Código Civil contempla que los alimentos comprenden lo necesario para el sustento y bienestar integral del menor. En este sentido, el juez, al asignar la cuota de alimentos, tiene en cuenta no solo la capacidad económica de los padres, sino también el aporte que cada uno realiza en términos de tiempo y cuidado diario. Esto significa que la contribución económica no se divide simplemente en un 50/50, sino que debe compensar el desequilibrio en la responsabilidad diaria. Si un padre no participa activamente en el cuidado de sus hijos, la ley espera que asuma una mayor carga económica para equilibrar la situación, reconociendo que la crianza no se puede delegar ni reducir a un simple cálculo financiero. La realidad es que la "crianza compartida" es un mito en la mayoría de los casos. La responsabilidad sigue recayendo desproporcionadamente sobre uno de los padres, mientras el otro apenas cumple con lo básico. Así que, si la presencia no es una opción; entonces el pago total debe ser una obligación.