
Cosas que pasan

Primero fue la reunión del candidato de las Farc, comunista de nacimiento, con un grupo de empresarios que, al igual que sus pares de Venezuela en la época de Hugo Chávez, deben tener el propósito íntimo de “enchufarse” en el hipotético nuevo gobierno totalitario, porque, en definitiva, el dinero no tiene principios. Ya lo había dicho Honorato de Balzac en la cúspide de su prestigio de novelista que escudriñaba las profundidades de la condición humana: “Detrás de toda gran fortuna hay un gran crimen”.
A muchos de esos empresarios, que nada tienen de ingenuos, quizá no les interese el destino del país, cuyas instituciones actuales, bajo un gobierno de inspiración comunista, estatizante y liberticida, ciego ante el narcotráfico y la violencia de los diversos grupos que renacieron y que hoy pululan, serán demolidas y reemplazadas por otras que nos llevarán de cabestro hacia la tiranía a través de una nueva asamblea constituyente, esta vez cortada a la medida de los protervos intereses del “socialismo científico”, el mayor generador de atraso y miseria que la historia haya conocido. Se profundizarán la demagogia y el populismo, y los subsidios repartidos selectivamente, a tutiplén, harán la dicha de los beneficiarios circunstanciales, quienes, a medida que se profundice la incapacidad del Estado para crear riqueza por sí mismo, añorarán los tiempos idos y reconocerán tardíamente que la libertad, en todo sentido, es el mayor atributo moral del ser. Pero ya será tarde: el relato del odio de clases y la invocación persistente al “pueblo”, aunque sufrido, se convertirá en la nueva religión. Después apareció la escritora Laura Restrepo renunciando a su presencia en el Hay Festival de Cartagena, porque allá estaría María Corina Machado. Habrase visto. Lo natural es que un letraherido, exceptuando a Borges, cancele su asistencia a un evento donde un dictador tendrá algún protagonismo, algo que no ocurrió con los afamados narradores del boom latinoamericano en los prolegómenos de la satrapía de Fidel Castro; pero que una mujer, supuestamente librepensadora, se oponga a compartir un evento con una demócrata que derrotó electoralmente, con pruebas en la mano, a una camarilla corrupta y criminal que, por lo demás, lleva 25 años cometiendo toda clase de latrocinios, es a la vez cómico y repugnante. Ahí no hay ningún pensamiento crítico: eso no es más que una pataleta contaminada de una ideología cada vez más desueta y aborrecible. ¿Y el feminismo dónde está? *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.