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Opinión

Cortar la cadena

Bibiana Cabarcas
Bibiana Cabarcas
Columnista
4 de marzo de 2026

Colombia ha confirmado casos de sarampión importado tras viajes internacionales. Eso, por sí mismo, no es una tragedia epidemiológica. Es un hecho sanitario previsible en un mundo interconectado. Lo que sí sería una tragedia es permitir que un caso importado se convierta en transmisión autóctona sostenida.

El sarampión no es un virus cualquiera. Es uno de los más contagiosos que conocemos; un solo caso puede infectar a 12–18 personas susceptibles en un entorno cerrado. Su periodo de transmisibilidad inicia días antes del exantema, cuando el paciente aún no sospecha la enfermedad. La combinación de alta contagiosidad y fase presintomática transmisible es la receta perfecta para brotes explosivos cuando existen bolsillos de no vacunados. La etiqueta administrativa de "país libre de sarampión endémico" es importante. Representa años de esfuerzo programático, coberturas de vacunación cercanas y/o superiores al 95 %, vigilancia sensible y capacidad de laboratorio robusta. Pero seamos claros, lo que verdaderamente importa no es el reconocimiento formal, sino cortar la cadena de transmisión. El objetivo no es el diploma; es evitar neumonías, encefalitis, hospitalizaciones y muertes prevenibles. Cuando aparece un caso importado, la respuesta no admite dilaciones. La epidemiología operativa es concreta: Notificación inmediata del caso sospechoso durante el periodo de transmisibilidad, con condiciones para aislamiento. Identificación exhaustiva de contactos en hogar, escuela, transporte, servicios de salud y eventos masivos. Búsqueda activa institucional y comunitaria de sintomáticos compatibles. Barrido de vacunación en el área de influencia, independientemente de la cobertura histórica reportada. Refuerzo de esquemas incompletos según lineamientos vigentes, especialmente en niños, viajeros y personal de salud. La vacunación no es un acto simbólico, es una intervención costoefectiva con impacto poblacional demostrado. Dos dosis de SRP y SR confieren protección superior al 95 %. Cada cohorte con esquemas incompletos, y cada persona priorizada sin el refuerzo correspondiente, es un combustible potencial para el virus. Aquí es donde debemos ser pragmáticos. En una situación de riesgo de transmisión autóctona, lo administrativo no puede convertirse en obstáculo. Las circulares, los reportes, los comités y las validaciones son necesarios para la trazabilidad y la rendición de cuentas. Pero la prioridad operativa es ejecutar: vacunar, aislar, rastrear. La epidemiología es acción en el territorio, no retórica en el escritorio. Los brotes recientes en América han iniciado con viajeros infectados que ingresaron a comunidades con coberturas heterogéneas. El patrón se repite, esa es la dinámica de transmisión. Las capitales colombianas tienen capacidad técnica, tienen talento humano entrenado, red de laboratorios y experiencia previa en contención. Se requiere disciplina operativa y velocidad de respuesta. Cada hora cuenta cuando el R0 es tan alto. Tendremos casos importados, es casi inevitable, los tendremos. ¿Permitiremos que se conviertan en cadenas locales? Mantener la condición de libre de sarampión es una consecuencia; el propósito real es proteger vidas. En salud pública, el éxito es silencioso, es el brote que no ocurrió.