
Córdoba no puede perder este empalme

Esta semana, en Montería, ocurre algo que Córdoba no había vivido, la Gobernación y los treinta alcaldes del departamento se sientan con el equipo de empalme de un presidente electo que se crió en esta misma ciudad. No es un gesto protocolario. Es, probablemente, la ventana más amplia que ha tenido el departamento en una generación para incidir en la agenda nacional desde el primer día de un gobierno.
Sin un marco que ordene las prioridades, Córdoba compite por atención nacional con el mismo guion que cualquier otro departamento (vías, hospitales, colegios), y las obras terminan aprobándose o cayéndose por favor político, no por encaje estratégico. El riesgo, más allá de conseguirlas o no, es conseguir cosas sueltas que no suman a ningún propósito. Lo que casi nadie está diciendo es que Córdoba no necesita improvisar ese marco, pues ya lo tiene escrito. La Agenda de Competitividad y Productividad Córdoba 2052 formula, ficha por ficha, los detonantes de competitividad que el departamento necesita y los tres ejes que definen a dónde puede llegar Córdoba en la próxima década ya están ahí, con nombre propio. En bioeconomía, el Complejo de Biomasa del Alto Sinú, que convierte residuos agrícolas, ganaderos y forestales en energía limpia, y la Granja Solar de Córdoba, que aprovecha la radiación solar del departamento para diversificar la matriz energética nacional, pero con la diferencia que las utilidades son para invertir en el departamento. En especialización inteligente, el Distrito de Innovación Urbana (biotecnología, TIC y energías renovables concentrados en un mismo ecosistema) y el fomento al sector de Energías Renovables, que busca que Córdoba agregue y capture valor en la industria energética. En transformación digital, el componente tecnológico que atraviesa tanto el Distrito de Innovación como la Educación para la Productividad, pensada para cerrar la brecha entre lo que forman las instituciones y lo que piden sectores como la agroindustria, el turismo y lo minero-energético. Incluso el fortalecimiento de la conexión con el mercado interno, o sea la obra vial que todos los alcaldes van a pedir, está ahí, pero subordinada a al propósito de conectar productores con mercados más grandes y dinámicos en Bogotá, Medellín, Cartagena y Barranquilla, no pavimentar por pavimentar. El trabajo del empalme territorial no es crear esta agenda, es priorizarla y llevarla a la mesa como matriz, no como anexo. Córdoba, gracias a su capital Montería, ya demostró que sabe pensar y hacer a largo plazo. La Ronda del Sinú no nació de una lista de peticiones sueltas, nació de un Plan de Ordenamiento Territorial en 2002, se construyó por etapas durante más de dos décadas, y hoy la WWF la señala como referente de transformación urbana para toda América Latina. Lo que cambió la cara de Montería no fue una obra más, fue subordinar la obra a al propósito de recuperar el río como activo ambiental y económico, y sostenerlo en el tiempo. Hoy hay la oportunidad en Córdoba de aplicar esa misma disciplina a escala departamental, con la Agenda 2052, o si la va a dejar en el cajón mientras se negocia pavimento. La tarea de la Gobernación, antes del 7 de agosto y en las mesas que sigan después, es simple de enunciar y difícil de ejecutar, es llevar el portafolio de la Agenda 2052 como matriz de negociación con el nuevo gobierno, y pedir explícitamente cofinanciación para estructurar esos proyectos no una lista nueva de obras improvisadas para la ocasión. Córdoba tiene, por primera vez, un presidente que conoce estas calles. Sería un desperdicio histórico que la conversación se quedara en el asfalto.