
Convivir con la IA*

La Inteligencia Artificial (IA) avanza, pero su impacto laboral genera debate. ¿Oportunidad o amenaza? Analizamos el auge de la IA y cómo evitar su dominio.
Por Arianna Córdoba Díaz* Al menos una vez a la semana recibimos un nuevo informe acerca de los empleos que desaparecerán de aquí a unos cinco o diez años por cuenta de la Inteligencia Artificial (IA) tan vigente por estos días. El panorama que se presenta causa alarma o pesimismo entre unos, que asumen el reemplazo de la mano de obra humana por la eficiencia de las máquinas como un signo del mismísimo apocalipsis, similar al de numerosas películas de ciencia ficción en las que los robots terminan dominando al mundo y sometiendo nuestra especie que terminaría a merced de los primeros, esclavizados y a la espera de la inexorable extinción. Mientras tanto, otros perciben esta advertencia como un magnífico escenario algo así como el mundo que recreaban en Los Supersónicos, esa vieja serie de dibujos animados en las que las máquinas lo hacían todo mientras que los humanos no tenían ni necesidad de caminar porque -tal como hoy en numerosos espacios- se desplazaban en bandas transportadoras o en sus autos voladores, similares a platillos voladores. Lo cierto es que la IA desde hace un buen tiempo ha venido conquistando espacios sociales, laborales, culturales y económicos, entre otros, lo ha hecho poco a poco, en la medida que los humanos les abrimos espacio. Eso no está mal, hoy tenemos cualquier cantidad de artilugios que nos facilitan la vida y ¿por qué habríamos de renunciar a ellos? a la IA no hay que darle la espalda e intentar negarla viviendo en el oscurantismo de la Edad Media, por el contrario, hay que "sacarle el jugo". Lo que no deberíamos hacer es darle el poder absoluto para que, en efecto, termine dominando nuestra vida y reemplazarnos en todo, absolutamente todo. Quienes se han dejado seducir por la IA son ya incapaces de pensar, pues al popular chat GPT le piden que escriba las tareas, que le haga un diseño, que le dé un consejo, incluso, que tome una decisión por ellos. ¡Qué bajo se ha caído! Pues en la medida en la que se continúe "empoderando" a las máquinas y abusando cada humano de la "ley del menor esfuerzo" o facilismo que llaman, no es extraño que en un lustro, o menos, en la mayoría de las empresas terminen cambiando al empleado por una computadora o una máquina, capaz de hacer con mayor precisión, eficacia y sin quejarse sus funciones. Además, no habría que pagarle prestaciones, sueldos ni darle bonificaciones. Atentos pues, que la IA sea solo una herramienta que nos permita optimizar nuestras actividades, no que sea la que piense, decida y actúe. Mantengámosla bajo nuestro control, no viceversa. *Jefe de programa de Comunicación Social -Unisinú