
Contra los tumbaestatuas

La reciente destrucción de una estatua del torero César Rincón desata polémica. El autor critica la "barbarie" de la cancelación y defiende la tauromaquia, destacando la trayectoria del maestro.
Por Ensuncho De La Bárcena Si hay algo lamentable y vergonzoso de la época en la que nos tocó vivir, es ese infecto grupo de zombis que supone que tumbar estatuas mejora el curso de la Historia. Gente contagiada del horripilante virus de la cancelación. Infección pestilente, corrupta, podrida. Movida por intereses sucios, repugnantes, abyectos. Personas que parecen animadas por un hechizo, con el fin de dominar su voluntad. Atontados, siembran dudas sobre sus capacidades intelectuales o de raciocinio, porque se comportan como autómatas. Perdonen, queridos lectores, el sartal de elogios. Pero es lo que de veras me inspiran. El César de la tauromaquia salió por la puerta grande de la catedral del toreo, la Plaza de Las Ventas de Madrid, cuatro veces en la misma temporada. Tumbar una estatua es un acto de barbarie. Propio de regímenes dictatoriales, autoritarios, que revuelven el poder con el estiercol y lo sagrado con la escoria. No podemos admitir que el discurso prohibicionista y cancelatorio sea sinónimo de Estado, ni que el Gobierno de la Nación aplauda este tipo de iniciativas que nos sitúan en la cola de la especie. Lo que acaba de suceder con la escultura dedicada al maestro César Rincón, obra del artista Argemiro Díaz Moreno instalada en febrero de 2003 en Duitama, es injustificable. Que lo haya hecho la administración municipal, además, es vil, energúmeno y anticonstitucional. No les basta con pisotear los derechos de la comunidad taurina en nuestro país, sino que también pretenden degradar nuestro legado histórico para rebajarnos al nivel de lo peor de la humanidad. Y con un discurso en apariencia benevolente. ¡Hipócritas! Sepan que los amantes de la tauromaquia, aunque seamos minoría en este tiempo, también tenemos nuestros derechos y somos ciudadanos en igualdad de condiciones para celebrar nuestras tradiciones, rituales y fiestas, sin pedirle permiso a la intolerante (y peligrosa) mayoría. ¡No descansaremos hasta que se nos respete nuestra inquebrantable cosmovisión! El maestro bogotano César Rincón, excelso matador de toros y ganadero, nacido el 5 de septiembre de 1965, es el torero americano más importante de la historia. El César de la tauromaquia salió por la puerta grande de la catedral del toreo, la Plaza de Las Ventas de Madrid, cuatro veces en la misma temporada. Alcanzó la gloria dos tardes consecutivas en la Feria de San Isidro, el 6 de junio y en octubre de 1991. El magno acontecimiento no se ha repetido, hasta ahora. Solo el limeño Andrés Roca Rey podría superarlo. La Plaza de Toros de Duitama se inauguró en 1993, mismo año en el que se convirtió en criador de toros, adquiriendo la ganadería de Las Ventas del Espíritu Santo del encaste Domecq. Se retiró en la Monumental de Barcelona, 2007, y se despidió en La Santamaría de Bogotá, en 2008. ¡Larga vida, Maestro!