
Consecuencias de lo esperado

Más que cerrar un ciclo, que en cierto sentido lo fue, el golpe que dio Estados Unidos este principio de año en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro abrió varios frentes simultáneos con consecuencias impredecibles tanto para la región como para el mundo.
En primer lugar, reabrió viejas heridas en América Latina, en una región marcada por el recuerdo de las intervenciones estadounidenses del siglo XX. El asalto militar contra Venezuela dividió de inmediato a la región y detonó un debate sobre la soberanía, los principios de no intervención y la llamada "justa causa" para remover al líder de un régimen ilegítimo. Por un lado, los gobiernos y líderes que justifican la acción sostienen que el caso venezolano es una excepción, argumentando que Maduro no solo desconoció los resultados de las elecciones de junio del 2024, sino que encabeza un régimen autoritario acusado de narcotráfico, responsable del colapso institucional y económico del país y de una crisis migratoria con alcances globales. Desde esta perspectiva, la intervención sería la consecuencia de años de fracasos diplomáticos y sanciones ineficaces, y la única vía para evitar la perpetuación indefinida del chavismo. Argentina y Ecuador interpretaron la operación como una señal de que Estados Unidos usara su poder para redefinir el equilibrio regional y poner fin a regímenes que considera criminales. En el otro extremo están quienes, sin defender explícitamente a Maduro, consideran que el operativo cruza un umbral peligroso. Sus críticas se centran en el precedente que establece la idea de que Estados Unidos puede intervenir militarmente en otro país para capturar a su presidente, o a cualquier otra persona, bajo el argumento de que tienen deudas pendientes con la justicia. Bajo este pretexto crece el temor de que este criterio pueda ser invocado por otras potencias. Por ahora, la Casa Blanca trabaja con la vicepresidenta Delcy Rodríguez para iniciar un proceso de transición, pero bajo el mando de los Estados Unidos, ya que la oposición, con sus fracturas, ha caído en el fracaso y sus principales caras, Corina Machado y Edmundo Gonzales, no gozan del afecto de Washington. El desafío de Maduro gritándole a Trump que viniera por él a Miraflores le salió caro, pues no solo vinieron por él, sino que es posible que pase el resto de sus días en una prisión en Estados Unidos. Por eso sería que el presidente colombiano pidió cacao y le ha bajado el tono y el moco al presidente gringo.