Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Conmoción Interior: riesgos y beneficios

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
8 de septiembre de 2025

La figura de la conmoción interior en Colombia está regulada por la Constitución Política de 1991, en su artículo 213, y en la Ley 137 de 1994 (Estatuto de los Estados de Excepción). Este mecanismo faculta al Presidente de la República, con la firma de los ministros, para declarar el estado de conmoción cuando se presenten perturbaciones del orden público que no puedan ser controladas con las atribuciones ordinarias.

Sus beneficios radican en su finalidad: restablecer el orden constitucional, proteger la vida, garantizar la seguridad ciudadana y preservar el funcionamiento de las instituciones. Permite actuar con rapidez frente a crisis como insurrecciones, bloqueos prolongados, terrorismo o violencia armada. También otorga herramientas extraordinarias a la Fuerza Pública y faculta la expedición de decretos con fuerza de ley. Los riesgos, sin embargo, son significativos. Una declaración concentra poder excepcional en el Ejecutivo, lo que puede derivar en abusos, violaciones de derechos y restricciones a libertades ciudadanas. Aunque la Constitución establece control del Congreso y la Corte Constitucional, en la práctica el amplio margen presidencial puede generar desequilibrios institucionales. El Presidente no queda "por encima de la Constitución", pues sus decisiones deben ceñirse a ella y al bloque de constitucionalidad en derechos humanos. No obstante, durante la vigencia de la conmoción adquiere poderes extraordinarios que reducen el control inmediato de los demás poderes, lo que genera tensiones democráticas. Respecto a las elecciones, la Constitución es categórica: la conmoción interior no suspende la democracia. Los decretos no pueden modificar la Carta Magna ni restringir derechos políticos. El artículo 214 señala que las medidas deben ser proporcionales y no interrumpir el normal funcionamiento de las ramas del poder público, incluidos los procesos electorales. En conclusión, la conmoción interior es un arma de doble filo: útil para salvaguardar al Estado en situaciones límite, pero peligrosa si se usa como instrumento político para concentrar poder o debilitar la democracia. Su aplicación demanda prudencia, límites claros y un control estricto de las instituciones y la ciudadanía.