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Opinión

Conflicto Israel-Palestina ¿Cuál es un estado?

David Enrique Sánchez Gómez
David Enrique Sánchez Gómez
Columnista
15 de abril de 2025

El conflicto entre Israel y Palestina persiste. Mientras Israel es un estado soberano, Palestina lucha por su reconocimiento. Las disputas históricas, territoriales y el derecho internacional complican la paz.

Por David Enrique Sánchez Gómez Israel es un estado soberano, organizado, desarrollado, con fronteras claras, fuerte económica y militarmente frente a sus vecinos y aliados estratégicos, reconocido, tecnológicamente avanzado y diplomáticamente efectivo. Las raíces históricas de Israel se remontan a los orígenes de la relación de Dios con la humanidad, los tiempos bíblicos, su herencia y tradición, cultural, religiosa y territorial muy bien referenciada en los textos sagrados de la Biblia Cristiano-católica, la Tora y Tanaj Judaica. Israel es hoy un Estado completo, mientras que Palestina, en teoría solo podría serlo. Para empezar, Palestina nunca fue un estado independiente, históricamente siempre fue colonia de los imperios que gobernaron la zona del levante desde la caída de los Reinos de Judea e Israel (antiguo Reino Unificado de Israel) a manos de los Romanos hasta la creación de Israel luego de la disolución del mandato Británico de Palestina en 1948, teniendo además en cuenta que el nombre Palestina es un nombre dado por el Imperio Romano al área tras la Rebelión Judía de Bar Kokhba para desalentar los esfuerzos de independencia Judíos, quedando oficialmente con el nombre de Siria Palestina, nombre que proviene de los Filisteos, población que vivía en lo que hoy es la Franja de Gaza. Desde el Imperio Romano hasta el Mandato Británico de Palestina, el área que hoy es Israel nunca fue independiente ni gobernada de la misma forma por los habitantes que hoy en día se autodeterminan como palestinos. En otras palabras, lo que hoy se conoce como Palestina solo adquirió reconocimiento como estado ante los ojos de la comunidad internacional cuando Israel adquirió no solo su independencia sino también su soberanía cuando logró defenderse de los estados vecinos tanto en la Guerra de Independencia de 1948 como durante la Guerra de los 6 días en 1967. Sobre Palestina se ha hablado que, de hecho, mencionarla es una verdadera distorsión histórica, pues nunca existió allí un pueblo palestino, sino hasta mediados del siglo XX, cuando los árabes residentes reposicionaron este concepto y lo adoptaron para rebelarse tanto contra el mandato británico de Palestina como el recién formado estado de Israel. Por otra parte, hablando en términos del derecho internacional, Palestina puede tener una población permanente, pero su fragmentado territorio y dividido gobierno, disputado entre la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania y Hamás en Gaza, no implica que los autodenominados Palestino ejerzan control completo sobre su territorio ni tengan reconocimiento como estado soberano. Si hablamos sobre los aspectos importantes en cuanto a los puntos sobre posibles acuerdos de paz entre Israel y Palestina, los inconvenientes son casi los mismos, ambos simplemente o no están de acuerdo, o han incumplido los pactos sobre seguridad, el desarme, la división de Jerusalén, los asentamientos y por último, el reconocimiento mutuo entre ambas partes. Mencionando el punto de seguridad y desarme, tenemos que entender que en el caso de Israel esto no es viable en términos prácticos, debido al gran número de enemigos de la nación judía tanto la misma área palestina, como en los países vecinos y en otras partes del mundo, por lo tanto el mismo desarme sería una grave brecha en la misma coraza que protege la existencia del estado israelí. En términos de la división de Jerusalén, tenemos una ciudad dividida a la mitad, donde la parte occidental pertenece a Israel desde 1948, mientras que la parte oriental fue anexionada por el mismo luego de la guerra de seis días en 1967, aunque hoy en día sigue siendo reconocida por la ONU como territorio ocupado por Israel. Debemos recordar que esta ciudad es un epicentro religioso tanto para los judíos y cristianos, como para los musulmanes, lo que incrementa las tensiones si tenemos en cuenta que Israel es un Estado Judío con minorías cristianas y drusas, mientras que Palestina un enclave de mayoría musulmana. Con respecto a los asentamientos, que forman alrededor de 150, Israel ha demostrado no solo que puede invadir, conquistar, habitar y proteger las zonas donde los colonos israelíes se encuentran dentro de Cis-Jordania, sino que también puede darle una mejor calidad de vida y prosperidad a los habitantes de estos asentamientos en comparación con Palestina, cuya economía a duras penas sobrevive a base de remesas y donaciones que recibe a nivel internacional. Y aunque Israel domine y controle gran parte de los aspectos legales y productivos de Palestina, esto solo le da más legitimidad de Poder y Soberanía de territorio a Israel, país con una fuerte y avanzada economía de mercado, caracterizada por un sector tecnológico altamente desarrollado, sólidas exportaciones, innovación constante y una cultura inclusiva, donde conviven no solo judíos, sino también cristianos, musulmanes y drusos. Además, el estado judío está entre las economías más dinámicas del mundo, especialmente en ciencia, tecnología y defensa. Mientras, por otro lado, tenemos la economía Palestina de, en simples palabras, a base de subsistencia y ayudas humanitarias. Por otro lado, el reconocimiento mutuo entre Israel y Palestina es en definitivo tambaleante, las negociaciones de paz han terminado constantemente en puntos muertos, y aunque se han expresado públicamente voluntades de llegar a un acuerdo definitivo de paz, en gran parte esto solo se queda en papel y palabras por acciones de alguno de los dos bandos en cuestión, especialmente por actos de terrorismo por parte de organizaciones palestinas como Hamás, o acciones desproporcionadas consideradas excesivas de parte del ejército Israelí. Teniendo en cuenta lo anterior, podemos preguntarnos si, por último factor de caracterización como estado en derecho internacional y en el contexto de acciones bélicas uno u otro bando ha violado o no las normas internacionales ius cogens, siendo así: - Israel tiene derecho a la legítima defensa, pero debe respetar el ius cogens, es decir, responder de forma proporcional, evitar crímenes de guerra y respuestas exageradas. - Hamás y otros grupos palestinos también deben respetar el ius cogens, ya que atacar a civiles israelíes constituye crímenes de guerra junto con las acciones destinadas a ocultar material bélico bajo construcciones civiles como hospitales y escuelas. - El conflicto con países árabes ha mostrado casos legítimos de defensa, pero también violaciones del ius cogens en forma de ocupaciones y ataques desproporcionados en ambos casos. Para variar, el conflicto entre Israel y Palestina representa uno de los desafíos más persistentes del orden internacional contemporáneo, como también marcado por profundas raíces históricas, disputas territoriales, narrativas nacionales contrapuestas y violaciones sistemáticas del Derecho Internacional Humanitario. A lo largo de las décadas, la comunidad internacional ha intentado mediar en la búsqueda de una solución pacífica, destacándose en este esfuerzo las Resoluciones 242 (1967) y 338 (1973) del Consejo de Seguridad de la ONU. La primera estableció los principios de “territorios por paz”, exigiendo la retirada israelí de los territorios ocupados y el reconocimiento de todos los Estados de la región; la segunda reiteró la necesidad urgente de aplicar dicha resolución y llamó al cese del fuego y a negociaciones inmediatas. Estas resoluciones, aunque no han sido plenamente implementadas, siguen siendo el marco normativo fundamental para una paz justa y duradera, reafirmando el compromiso con la soberanía, la seguridad y los derechos tanto del pueblo israelí como del pueblo palestino. Su vigencia y valor jurídico en el marco del derecho internacional residen en que articulan una visión equilibrada basada en el respeto mutuo, el fin de la ocupación y el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los dos pueblos involucrados en el conflicto, elementos que siguen siendo importantes para cualquier intento serio de resolución del conflicto. Concluyendo, el conflicto árabe-israelí sigue siendo un reto tanto diplomático como social y militar para ambas partes, aunque podemos decir, que mientras Palestina es una teoría de un estado en declive sin mucho respaldo práctico, Israel no solo es un estado completo, funcional y desarrollado, también es un estado con total hegemonía teniendo en cuenta las normas de derecho internacional como miembro pleno de la ONU, respaldado por potencias clave como Estados Unidos, gran influencia diplomática y una sólida capacidad militar para ejercer influencia sobre tratados de orden a nivel internacional. Mientras no se logre un acuerdo de unificación o paz bajo el mando israelí, lo que probablemente se verá en esa región donde conviven ambos estados, será un ciclo infinito de violencia y problemáticas socioculturales complejas que terminará con una conquista a la fuerza por parte de Israel.