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Opinión

Confederación de Regiones

Luis Manuel Espinosa
Luis Manuel Espinosa
Columnista
22 de enero de 2024

Colombia necesita un federalismo regional. El agotado proceso autonómico y la descentralización funcional exigen una nueva división territorial que respete la autonomía y la identidad de las regiones.

Por Luis Manuel Espinosa Un federalismo regional es el que se debe formar. El proceso autonómico de las regiones se agotó con la supresión de los corpes y con el desgaste evidente de las llamadas regiones de planificación. Así fue desde el principio en Colombia, una confederación de provincias, que eran las antiguas regiones preindependencia, las provincias unidas, como se llamó lo que era el virreinato de la Nueva Granada en aquella época. Representantes de las diversas provincias que integraban el territorio colonial, asumieron la vocería de sus gentes y conformaron el gobierno de entonces, en cuyo nombre se adelantó el proceso independentista de lo que sería más tarde Colombia. Hoy, algunas de esas provincias, como Antioquia por ejemplo, conservan plenamente su integridad territorial. Otras por el contrario, se desintegraron dando nacimiento a los departamentos en que se subdividieron los Estados soberanos en que se habían convertido todas esas provincias, cuando el país adoptó el sistema federal. La idea de la autonomía regional surgió como respuesta a un centralismo estancado, el cual a mediados del siglo pasado imposibilitaba el desarrollo armónico de la nación. Y con la reforma constitucional de 1968, se dio un paso trascendental, al crearse una supuesta manera de división territorial para los efectos del desarrollo y la planificación económica, sin tocar la integridad territorial de los departamentos, actual forma de división territorial del país. Ya durante el gobierno de la quinta república en Francia, con base en la experiencia de la Francia de Vichy, en la segunda guerra mundial, se puso en práctica una especie de descentralización funcional mediante el empleo de mecanismos, que además de convocar al sector empresarial y gremial, permitían poner en ejecución tareas administrativas desplazadas del gobierno central a las regiones a través de organismos especialmente creados con ese propósito institucional, conocidos como consejos regionales de desarrollo. En adelante, cada departamento podría, si así lo prefiere, erigirse en Región Estado o asociarse con uno o más departamentos y formar una Región Estado. Para el caso no importa, se trata de respetar la autonomía y la libre determinación de los pueblos. Antioquia puede seguir siendo Antioquia como región y la Costa Caribe mantener su unidad como región. Cosa distinta sucedería con San Andrés, que amerita un tratamiento de Estado asociado o el de la capital del país, que bien podría erigirse en Región Estado, al igual que cualquiera de los actuales departamentos de la Orinoquía o la Amazonía, dado el tamaño territorial de los mismos. Para efectos de esta nueva reacomodación, sería conveniente partir del concepto autonómico local y tener en cuenta los nichos culturales y ecológicos, para reordenar mejor el país desde la simple vecindad.