
Concurrencia a las urnas

Colombia vota este domingo para elegir personeros, diputados y concejales. La elección es crucial para el futuro regional y abordar la problemática de cada territorio.
Por Miguel Mercado Vergara El domingo venidero, vuelve y juega, pues está citado nuevamente el pueblo colombiano a las urnas para escoger los personeros que llevarán las riendas de los destinos de cada departamento y cada ciudad junto con los diputados y concejales del respectivo territorio. Esas elecciones seccionales son de singular importancia para el futuro regional porque sabido es que de una buena o mala escogencia de los servidores públicos depende la suerte de una ciudadanía que en cada localidad vive el día a día de los azares y angustias que se padecen por la escasez de acciones efectivas para superar los rigores del atraso. En todas las extenuantes campañas de cada justa eleccionaria se escuchan las más variadas propuestas y promesas que casi nunca se realizan. Los discursos veintejulieros de los que vierten ríos de miel son el estribillo cotidiano. Así es y será siempre. Pero de todos modos el pueblo, que es el sufragante primario y por lo tanto el destinatario de las actuaciones de quien elige, siempre acude esperanzado en que pronto llegará la solución de la variada problemática que lo subyuga. Allí, en el corazón mismo de las grandes comunidades urbanas y rurales de Córdoba y el resto del país, pulula el desempleo, la falta de oportunidades, la carestía asfixiante de los servicios públicos, la debacle de las vías terciarias que más parecen trochas de mulas y caballares y, en fin, todo un rosario de necesidades que requieren del empuje de quienes resulten beneficiarios del favor popular. Decepcionante es que se forme tanta alharaca en torno a elevar el nivel de vida del campesinado, a manera de ejemplo, y es poco o nada lo que se hace por el mejoramiento de las vías terciarias para que, por lo menos, se le haga fácil la comercialización de lo que a pulso limpio produce. Las vías terciarias del entorno cordobés, que es lo más próximo que podemos citar, son una vergüenza. Sobre este particular no hay gobernante que haya mirado más allá de la punta de sus narices. A cualquier lugar o vereda que se quiera llegar queda la sensación de que la mano estatal no existe. Ojalá que las nuevas generaciones que ahora llegan al mando tomen conciencia de estas realidades y dejen a un lado el lenguaje vacío de las falsas promesas y trabajen para eliminar tanto estancamiento. [email protected]