
Conato de conflicto Colombia/EE.UU.

El conflicto Colombia-EE. UU. por deportaciones evidencia errores en la gestión. La reacción de Petro escaló la tensión. El análisis de la situación revela causas y soluciones diplomáticas.
Por Óscar Pérez Palomino Con ocasión del reciente enfrentamiento entre Colombia y EE.UU. por la deportación de colombianos desde ese país, que envió esposados a los ciudadanos colombianos deportados, me permito expresar mi opinión sobre el manejo que se le debió haber dado, desde la óptica de la gestión de conflictos. La reacción de Petro de no autorizar el ingreso de los deportados, después de haber sido autorizados por la cancillería colombiana, es una clara "realización de un acto negativo" que incita al escalamiento del conflicto por cuanto era previsible una reacción de mayor magnitud por parte de Trump, tal como lo establece la ley empírica del conflicto, "producida una escalada, un aumento de magnitud de la conducta conflictiva de una de las partes, la otra, generalmente se ve obligada a responder con una conducta de magnitud mayor", más aún si la contraparte representa a la potencia del mundo occidental. De manera que la manera sensata de haber expresado su malestar era por la vía diplomática, manifestando con vehemencia, que las próximas deportaciones no se aceptarán si continuaban viniendo esposados los deportados nacionales… argumentando que ese problema de inmigración tan grande que tiene Estados Unidos ha sido generado por ellos mismos… por sus políticas neoliberales que llevan implícitos "un sistema de desigual intercambio generador de desequilibrios: la periferia suministra materias primas [y mano de obra] baratas y el centro suministra ciencia y técnica avanzada", según Leonardo Boff, que ha obligado a los pobladores de la periferia de los países subdesarrollados a emigrar hacia EE.UU. estimulados por las oportunidades de empleo no calificado y la tasa de cambio que permite generar un ahorro para enviar a sus familias en sus países de origen. En virtud de lo anterior el "sistema desigual de intercambio generador de desequilibrios" que es la médula del sistema capitalista ha generado el problema de inmigración que se les ha tornado inmanejable, al punto que se constituyó en una de las promesas de campaña que llevó a Donald Trump a la Presidencia de los Estados Unidos. En efecto, el fenómeno de la inmigración de indocumentados asciende a una población estimada del orden de los 11 millones, según el Departamento de Seguridad Nacional de los EE.UU.-DHS-2024, tan lamentable como el éxodo venezolano producido por el régimen Chavista/Maduro que asciende a 7.7 millones de personas. Como el mundo es interdependiente, las economías de los países no son la excepción… no son independientes, dado que "los países más avanzados han absorbido las economías de los países dependientes", y el subdesarrollo del tercer mundo es "consecuencia del desarrollo dentro del sistema capitalista (…) el desarrollo no tiende a hacer salir del subdesarrollo, sino a mantener la relación de dependencia. Puede darse gran desarrollo dentro de un régimen de subdesarrollo, [replicando en su interior] la estructura de dependencia", según lo señala Leonardo Boff.