
Con M de Machistas

El autor critica el discurso político basado en la lástima y la pertenencia a un grupo. Analiza la baja representación femenina en cargos de elección popular, instando a nuevas estrategias.
Por Rafael Negrete Quintero No me gusta la carta de la lástima en ninguna de sus formas. Por eso repelo el discurso de quienes pretenden hacerse elegir, a cargos de elección popular, por el simple hecho de ser o pertenecer a X o Y grupo. Ser o pertenecer a un grupo no te hace inmediatamente un buen candidato a nada. Es que yo era futbolista y por eso puedo ser buen técnico, No. Es que yo soy periodista y por eso podría ser buen director de medios, No. Es que yo soy mujer y por eso puedo ser buena política, lamento decir que No y espero que nadie lo tome personal. No porque las mujeres no tengan lo que se necesita para ser buenas administradoras públicas o buenas políticas sino porque no basta simplemente con ser mujer, insisto, para pretender con eso ganar una elección. Hay que mostrar más, mucho más, que el género, para triunfar. Sobre todo en una tierra machista como la nuestra. Si se miran los elegidos se evidencia lo inobjetable. De los 5 candidatos a la Gobernación que aparecieron en el tarjetón solo 1 era mujer. Escogimos, por supuesto, un hombre. De los 8 candidatos a la alcaldía de Montería 3 eran mujeres, una cifra un poco más representativa. Una de ellas estuvo cerca de alcanzar la cima pero no lo logró, sin que se pueda decir que fue porque le faltó pelo pal moño. De los 13 diputados electos en el departamento solo 1 es mujer, de los 19 concejales electos de Montería solo 1 es mujer y de las 30 alcaldías de Córdoba solo 2 lo son. Que esto esté bien o mal, lo juzgará cada quién desde su óptica. Yo considero que está mal, así no me caigan bien las feministas, pero considero que está mal, también, pretender subir esa cuesta arriba con la misma estrategia de siempre. ¡Es que me tienen que elegir porque yo soy mujer! Comenzaría por ahí en atacar el problema. A las mujeres que se aventuran en esa difícil labor que es la política les diría que dejen a un lado, no su femineidad, sino ese discurso caduco que se ha probado errado. Las invitaría a probar otras aristas, otras estrategias. Las impulsaría a fortalecer sus perfiles, a potencializar sus capacidades y explotarlas en campaña. A tender puentes para sumar y no para dividir con la cuestión de género. A liderar desde esos espacios ganados a pulso con determinación y con ejemplo. Cuando el camino es duro la recompensa tiende a ser más gratificante. A las mujeres de nuestro departamento que pretenden ser políticas les diría pues, que no desfallezcan. Fuimos los primeros en la Costa Caribe en elegir a una mujer gobernadora, por tanto, es posible. Solo hay que afinar la estrategia.